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La bandera de Canarias está formada por tres franjas iguales en sentido vertical, cuyos colores son a partir del asta, blanco, azul y amarillo.

23.10.2016. Redacción

Por: María Pino Fuentes de Armas.

Pocos parecen saberlo, aunque todos opinen sobre el devenir de la bandera que se “supone” nos identifica, la misma que debe ser un símbolo de cohesión de los pueblos y nunca de división, como queda patente a tenor de las muchas opiniones vertidas en diferentes medios de comunicación, pareciendo que es un problema de primer orden social el enarbolar o no un paño que, dependiendo del que hable, tendrá un significado u otro.
Desde el respeto a la pluralidad de pensamiento, credos políticos, heridas históricas y anhelos futuros, invito a realizar una reflexión a través de las palabras de protagonistas, historiadores, analistas y “contadores”, sin que ello signifique posicionamiento alguno y con el deseo de añadir algo de luz a la maraña de comentarios, muchos de ellos carentes de objetividad, rigor y conocimiento.

LA ENSEÑA OFICIAL

La actual bandera de Canarias viene descrita en el artículo 6 del Estatuto de Autonomía de Canarias, el cual establece: «La bandera de Canarias está formada por tres franjas iguales en sentido vertical, cuyos colores son a partir del asta, blanco, azul y amarillo», y se ampara en la siguiente normativa: Decreto 184/2004, de 21 de diciembre, por el que se aprueba la Identidad Corporativa del Gobierno de Canarias y se establecen las normas para su tratamiento y utilización

Además de esta referencia oficial, encontramos otros antecedentes históricos, como el referido al 17 de enero de 1561, que pueden arrojar algo de luz a la elección de los colores, fecha en la que “el regidor Pedro de Vergara, entrega al alférez mayor de Tenerife, Francisco de Valcárcel, una «bandera general de esta isla», y que es de «tafetán blanco y azul y amarillo e con una cruz colorada», posiblemente la cruz de Santiago”. Datos estos que figuran en un documento que se conserva en el Archivo Histórico de La Laguna, y fueron dados a conocer por el investigador Leopoldo de la Rosa Olivera.

Años más tarde, en 1961, el movimiento político «Canarias libre» mostraba su bandera tricolor: blanca, azul y amarilla. La lectura que se le da obedece a la superposición de los colores de las banderas marítimas de las dos provincias. 

En el libro de Sergio Millares Cantero Fernando Sagaseta: la vida de un luchador irremediable se incluye el siguiente párrafo al respecto: “Arturo Cantero recuerda la fecha del 7 de septiembre de 1961, la víspera del Pino, como una fecha clave porque fue la primera vez que se lanzó la bandera tricolor canaria. Fue confeccionada en la calle de la Peregrina por su hermano Jesús, su madre, María del Carmen Sarmiento, y Arturo - sentados en una mesa enorme que teníamos, uno cortaba el papel amarillo, otro el blanco y otro el azul. La elección de los colores fue una simple superposición de los colores de las dos provincias. Y una vez confeccionada la bandera uno le puso con un bolígrafo CL. Hicimos dos mil o tres mil banderas y se lanzaron en Teror, la víspera del Pino. Era una banderita de veinte centímetros por diez"
Por tanto, la bandera actual de la Comunidad Autónoma de Canarias es la creada por el Movimiento Canarias Libre, sin las estrellas verdes, con un tono de azul más oscuro, y con el añadido del escudo autonómico. Esta enseña resultó de un largo proceso de debates y propuestas desde la Transición en 1975 hasta su aprobación definitiva.

LA BANDERA DEL ATENEO

El Ateneo de La Laguna nace en noviembre de 1904, bajo la presidencia del poeta José Hernández Amador, al que siguieron en tal responsabilidad y como miembros de su Junta Directiva, otras muchas ilustres personalidades de la vida cultural y social canaria. El Ateneo se ha distinguido siempre por su defensa del saber y la libertad, por eso no extraña que la historia de su bandera se inicie, -según el extinto Cronista oficial de Santa Cruz de Tenerife, Gilberto Alemán de Armas-, en 1907, cuando se enarbola un paño con siete estrellas blancas sobre fondo azul marino, en la posición de las Islas Canarias, ya que se consideraba una sociedad del archipiélago, y se quiso reivindicar ¡libertad!

Obligaba a ello la delicada situación política en los primeros años del siglo XX, tiempos muy difíciles, donde el malestar era más que evidente y la ciudadanía estaba cansada de los abusos de los gobernantes. Se hablaba a media voz de independencia, en secreto, siguiendo el ejemplo de las colonias - Cuba, Puerto Rico y Filipinas-, un hecho que llegó a conocimiento del Capitán General de Canarias y del Gobernador Civil de Tenerife, que informan a Madrid, dando lugar a pensar que los instigadores del mal ambiente contra la corona borbónica eran los socios del Ateneo lagunero. Se tomaron cartas en el asunto para evitar un movimiento separatista, alarmados ante el posible regreso de América del Sur de Secundino Delgado, líder independentista y del movimiento obrero, que en 1897 y desde Caracas, con su periódico El Guanche, había preconizado la independencia de las islas.

El mando militar envió tropas para atemorizar la ciudad de Aguere, donde aseguraban se habían gritado consignas antiespañolas: contra los Borbones y contra la nación. El escritor y político tinerfeño, Domingo Cabrera Cruz, en su libro de recuerdos titulado, "Huellas del tiempo" editado en Venezuela, dice de la bandera del Ateneo: "Ella simbolizaba un grito de rebeldía, una protesta contra los malos tratos de funcionarios indeseables. Protesta que ondeaba a los vientos alisios de nuestro cuadrante. El acto de arriar la bandera fue emocionante, lo presenció una multitud que invadía la plaza de la Catedral; hubo socios que lloraron, pues se trataba de un emblema que enraíza con el alma canaria. El directivo don Eduardo Tacoronte Bretillard, profundamente emocionado, la recogió antes de llegar al suelo y, apretándola sobre su pecho, se la llevó". Así se expresa Antonio Cubillo Ferreira en su artículo del 8 de diciembre de 2004, “Notas sobre la bandera del Ateneo lagunero en su primer centenario…”, ya que tuvo el honor de conocer a Cabrera Cruz, quien le confirma lo que de pequeño escuchara en la casa lagunera de sus abuelos, Carmen Nóbrega Estrella y Guillermo Cubillo Aguilar, éste último profesor de dibujo en el Instituto de La Laguna.

SECUNDINO NO TUVO BANDERA

Cuando en 1924, se creó en Cuba el Partido Nacionalista Canario (PNC), el palmero Gómez Wangüemert recordó a los isleños de La Habana la existencia de la enseña del Ateneo lagunero, por lo que se decide adoptarla como bandera del partido. Por tanto, a Secundino Delgado no se le puede atribuir su diseño, pues poco o nada tuvo que ver con los acontecimientos de 1907, ya que según las publicaciones consultadas, se hallaba en aquella época entre Uruguay, Argentina y Méjico, donde había tenido que exiliarse para huir de la persecución voraz del general Weyler por su supuesta ideología anarquista. Como tampoco se le puede atribuir la fundación del Partido Nacionalista Canario, hecho que sucede años después de su muerte en mayo de 1912, lo que no resta mérito a su figura de defensor de los obreros y de lo que él denominaba “la cuestión nacional canaria”. 


LA BANDERA DEL MPAIAC 

En “Notas sobre la bandera del Ateneo lagunero en su primer centenario…” el abogado Antonio Cubillo Ferreira, afirma que la historia de la bandera del Ateneo de La Laguna, le sirvió para cuando creó la tricolor bandera nacional canaria de las Siete Estrellas Verdes en 1964,un 22 de octubre, en Argel, con el nacimiento del MPAIAC: “Mi abuela no se acordaba de cómo iban las estrellas en la bandera, ni del color de las mismas cuando me lo contó, por lo que decidí adoptar la forma circular actual de las estrellas verdes, sobre la franja azul celeste central, símbolo de igualdad de las islas”. Por tanto, debe entenderse que los colores en franjas verticales se atribuyen al movimiento político «Canarias libre», mientras que las estrellas verdes se atribuyen al líder del MPAIAC.
En cuanto al verde, el mismo Cubillo califica de “disparate”, el señalar que se ha usado por ser el color del Islam, dado que este es común en centenares de banderas en el mundo.

A MODO DE CONCLUSIÓN

¡Todo el mundo tiene razón! Los que argumentan siglos de historia si se refieren a la “bandera general de la isla de 1561; los que esgrimen el sentimiento independentista en base a los colores de la enseña de “Canarias libre”; los seguidores de Cubillo y el MPAIAC por las siete estrellas verdes; los que hacen de Canarias “una cuestión de nación” por seguir los predicados de Secundino Delgado; y los que evocan la enseña del Ateneo de La Laguna, lugar del libre pensamiento y la cultura, por la valentía -en tiempos muy difíciles- de tener una visión de archipiélago.
Lo cierto es que la única bandera oficial – guste o no- es la recogida en la Ley Orgánica 10/1982 del 10 de agosto sobre el "Estatuto de Autonomía de Canarias", y que cualquier cambio que desee hacerse deberá seguir el procedimiento para la aprobación de escudos, blasones y banderas en la Comunidad Autónoma de Canarias, Decreto 123/1990 (BOC de 30-7-1990). Mientras no se cumpla con ese trámite, debería cuidarse – desde las Administraciones Públicas como garantes del cumplimiento de las normas-, el hacer ondear una bandera no oficial junto al resto de enseñas. Hay que respetar lo establecido, dando ejemplo, para que luego se respete lo que establezcamos en defensa de nuestras libertades. Se trata de saber administrar las expresiones “valores democráticos” y “tolerancia”.

“Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia”. (Cervantes)