17.04.2026 | Redacción | Reflexión
Por: Óscar Izquierdo
Presidente de FEPECO
El elevado absentismo laboral se ha convertido en un problema silencioso, pero profundamente dañino para la economía y la cohesión social. No solo reduce la productividad de las empresas, sino que también genera sobrecarga en los trabajadores que sí cumplen, alimentando un clima de desmotivación e injusticia. Cuando faltar al trabajo se normaliza, se debilita la cultura del esfuerzo y el compromiso, pilares esenciales de cualquier organización sólida. Además, el coste económico es enorme, se incrementan los gastos, se ralentizan proyectos y se pierde competitividad. Combatir este fenómeno exige responsabilidad individual, pero también políticas eficaces de control y prevención. Tolerarlo sin más es aceptar un deterioro progresivo del tejido empresarial y en última instancia, del bienestar colectivo. Hay que decirlo claro y alto, no a la pillería
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