15.05.2026 | Redacción | Reflexión
Por: Óscar Izquierdo
Politólogo
Los políticos fallidos no son aquellos que se equivocan, sino los que convierten el error en norma de comportamiento y la incompetencia en sistema de actuación. Son dirigentes incapaces de anticipar problemas, pero expertos en agravarlos con decisiones tardías, improvisadas o vacías de contenido real. Prometen soluciones que nunca llegan, mientras la realidad se deteriora ante la mirada resignada de los ciudadanos. Su fracaso no siempre es estrepitoso, a menudo es silencioso, disfrazado de discursos grandilocuentes y excusas constantes. Carecen de autocrítica, rehúyen responsabilidades y culpan a factores externos para justificar su ineficacia. El daño que provocan no es solo económico o social, sino también moral, al erosionar la confianza en las instituciones. Cuando la mediocridad se instala en el poder, el progreso se detiene y la frustración colectiva crece sin freno, alimentando el desencanto democrático. Es lo que padecemos en Canarias
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