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Las celebraciones estivales en la Isla suponen la ocasión para el reencuentro de los gomeros de adentro y de afuera

30.06.2018. San Sebastián de La Gomera | Reportaje

Las fechas veraniegas adquieren en La Gomera un significado especial. Primero, porque suponen la ocasión en la que se desempolvan las ricas tradiciones que durante siglos se han acumulado en este particular territorio. Invariablemente, la banda sonora no puede ser otra que el sonido de los tambores, las chácaras y esa inconfundible forma de cantar que parece hundir sus raíces en épocas prehispánicas. Y luego, porque es el momento del reencuentro con los numerosos gomeros que residen fuera de la Isla, tanto familiares como amigos.

El presidente del Cabildo, Casimiro Curbelo, invita a residentes y a foráneos a acudir a los distintos festejos que se suceden en todo el territorio insular para contribuir a la difusión y al mantenimiento de las tradiciones gomeras. “Cada año son más los visitantes que se unen a celebrar con la gente gomera nuestras fiestas, que adquieren gran popularidad en el Archipiélago”, destaca.

Explica que en gran parte, el éxito de los festejos gomeros radica en que la Isla ofrece una completa programación que se ajusta a todas las edades y gustos, “por lo que supone una ocasión especial para disfrutar en familia del buen tiempo y sumergirse en las tradiciones y costumbres de La Gomera”.

Este año será aún más especial porque coincide con la celebración de las Fiestas Lustrales en honor a la patrona de La Gomera, la Virgen de Guadalupe, con lo que los festejos se alargan hasta final de año.

Desde mitad del siglo XVII, e incluso antes, cuando era posible económicamente, se ha enraizado en el corazón de los gomeros la tradición de de sacar cada primer lunes de octubre a su patrona a recorrer la Isla durante varios meses. Es pues, la cita religiosa más importante para los nacidos en la Isla que ha ido adquiriendo con los años aún más importancia. El rito de recibir a la Virgen, que llega por mar a San Sebastián desde la ermita de Puntallana con el sonido atronador y, a la vez, lleno de devoción de las chácaras y los tambores, impresiona y supone el acto central de esta efeméride.

Cada verano, se va haciendo palpable cómo los cursos, que organiza durante el año el Cabildo para formar a todos aquellos interesados en cultivar las tradiciones de La Gomera, dan sus resultados. De forma creciente, las fiestas cuentan no sólo con más participantes que tocan chácaras, tambores o entonan romances, sino que están mejor formados y, poco a poco, se va recuperando la esencia más pura de estas costumbres centenarias. Y es que la popularización del folclore insular trajo como consecuencia indeseada que muchas veces se incurriera en su adulteración. Sólo este año son más de doscientas las personas que han participado en esta Aula y que seguramente demostrarán lo aprendido en las distintos actos se celebren a lo largo del verano.

El recorrido festivo de cada verano comienza en junio con las fiestas en honor de San Juan, que alcanzan su máximo exponente en Vallehermoso, Hermigua, San Sebastián o Valle Gran Rey, donde la costumbre de encender hogueras, tiene un mayor arraigo.

Las fiestas en La Gomera son particulares hasta en la cita en la que se celebran. Ejemplo de ello, son las de Los Aceviños, en Hermigua, en honor de San Benito y San Ramón, dado que no tienen una fecha exacta, sino que se lleva a cabo el segundo domingo de cada mes de julio. Lugar especial ocupan los festejos de la Virgen del Carmen que pone de relieve la estrecha unión de los gomeros y su mar. Y más aún en los lugares donde la pesca se ha convertido en una actividad económica esencial como son Playa de Santiago en Alajeró, San Sebastián o Valle Gran Rey. En Vallehermoso adquiere un especial arraigo, más allá de que la vinculación con la pesca no sea tan importante como en otros lugares.

A mitad de julio, los gomeros se dirigen a Arure, donde tiene lugar la fiesta del Ramo en honor a la Virgen de La Salud y San Buenaventura y en la que este elemento alcanza su principal expresión. Su elaboración corre a cargo de una familia, como pago a una promesa, y en cuya casa comienzan las celebraciones. Una vez que está terminado, se lleva en procesión, acompañado de tambores y chácaras, hacia la Iglesia y se coloca al lado del altar. Se celebra la misa y, una vez finalizada la ceremonia religiosa, sale la procesión.

Pero quizás la fiesta que ocupa un lugar central en el corazón de los gomeros es la que se celebra todos los 15 de agosto en honor a la Virgen de Candelaria en Chipude. A lo largo de tres días, en este pueblo se concentran los elementos que la convierten en un espacio para el reencuentro, especialmente por ser la ocasión perfecta para que tanto los gomeros que viven todo el año en la Isla, como los que no, puedan reunirse. Una media de cuatro mil personas llegadas de casi todos los lugares de Canarias, e incluso de la Península convierte a esta localidad en la capital sentimental de los gomeros durante estos días.

De forma simultánea el 16 y 17 de agosto, en Arure, se lleva a cabo otra festividad relacionada también con el Ramo, pero esta vez en honor a San Salvador y San Nicolás.

Cada 6 de septiembre tiene lugar las Fiestas Colombinas, en San Sebastián, en las que se rememora el paso de Cristóbal Colón por La Gomera. Durante los últimos años, se ha apostado más por la vertiente académica de estas fiestas que por la lúdica. Especialmente, en lo que se refiere a traer a un invitado de renombre que ofrece una conferencia sobre alguna cuestión relacionada con la gesta del descubrimiento. Lo cierto es que todo el programa de actos gira entorno a la participación de La Gomera en esta epopeya que cambió la historia de la Humanidad. Dos días más tarde, en Hermigua, tiene lugar la fiesta de La Encarnación y el 24, la de Las Mercedes, en Agulo, con la que se pone punto y final a las celebraciones veraniegas.

Fiestas lustrales

Cada cinco años, las celebraciones no acaban en Agulo, sino que continúan con las fiestas lustrales en honor a Nuestra Señora de Guadalupe. De forma invariable, esta cita, que ocupa un lugar único en el corazón de los gomeros, se inicia el lunes después del primer domingo de octubre. En ese momento, la patrona de La Gomera abandona su pequeña ermita en Puntallana y, a través del mar, llega a la Villa. Posteriormente, recorre todos y cada uno de los municipios, y pueblos, de la Isla. En la edición anterior, se dio la particularidad de que cada vez que se intentaba que la Virgen volviera a su templo, un temporal lo impedía, lo que parecía ser un mensaje de que la patrona quería alargar un poquito más su estancia con los gomeros de toda la geografía insular.

La devoción por esta pequeña imagen gótica está asociada, directamente, a la gesta del descubrimiento del Nuevo Mundo, en el que la Isla Colombina, fue merecedora de este nombre, precisamente, por el papel que jugó la hazaña que cambió el curso de la historia. Y es que, justamente, en el monasterio de este nombre en Cáceres, es donde se firmaron las sobrecartas del Descubrimiento y es de Extremadura, de donde procedía el primer obispo de Canarias, Diego de Muros. El templo fue encargado a construir por Guillén de Peraza de origen andaluz. Por lo tanto, la devoción a la Virgen de Guadalupe estaba profundamente enraizada en los conquistadores y su vinculación a La Gomera supone otra prueba más de su participación en la gesta.

Durante los años que no se corresponden con las Fiestas Lustrales, también se lleva a cabo esta festividad en el propio templo de Puntallana, a seis kilómetros de San Sebastián. Al igual que ocurre siempre en el segundo domingo de cada octubre cuando tiene lugar las celebraciones en Las Nieves, en la Villa, en honor a la Virgen de La Salud.