Román Rodríguez: "El endurecimiento del bloqueo por Trump condena al pueblo cubano al hambre y a las enfermedades"

22.02.2026 | Canarias

Román Rodríguez, secretario nacional de Estrategia, Programas y Formación de Nueva Canarias-Bloque Canarista (NC-bc), rechaza que Estados Unidos impida la llegada de petróleo, medicamentos y alimentos básicos a Cuba, lo que dificultara aún más la vida de sus ciudadanos y ciudadanas, condenándoles a la hambruna y a no poder responder antes las enfermedades. Considerando que es imprescindible redoblar la solidaridad, así como el envío de ayuda humanitaria por parte de los gobiernos canario, estatal y europeo; y, sobre todo, “exigir el fin del inmoral, ilegal e injusto bloqueo, el respeto a la soberanía de Cuba y que, desde esta, se aborden cambios políticos y económicos que permitan mejorar las condiciones de vida de los cubanos y cubanas”.

Para Rodríguez, ninguna razón puede justificar el crimen colectivo que los actuales gobernantes de Estados Unidos están cometiendo contra el pueblo de Cuba. “No contra su Gobierno o su partido único y sus dirigentes. No contra su ejército. Lo hace, directamente, contra la inmensa mayoría de sus hombres y mujeres, contra sus personas mayores, contra sus niños y niñas, contra las embarazadas y los recién nacidos. Intentando (y logrando), con las medidas adoptadas por el presidente Donald Trump, que carezcan de combustible, de alimentación básica, de medicamentos y de transporte, en una brutal vuelta de tuerca del bloqueo financiero, económico y comercial que la isla caribeña viene padeciendo desde hace más de sesenta años”.

Añadiendo que es difícil medir el inmenso daño que ha causado a su economía y a sus habitantes ser asediados por tierra, mar y aire durante más de medio siglo por la nación más poderosa militar y económicamente del planeta.

Contra la población

Sin duda, el bloqueo económico al que los ha sometido sin descanso el gran imperio del norte ha sido determinante en las graves dificultades que padece Cuba prácticamente desde el triunfo a comienzos de 1959 de la revolución encabezada por Fidel Castro. Una revolución que impulsó un profundo cambio político y social que supuso, en su primera etapa, un enorme avance sanitario, cultural y educativo, alcanzando datos muy superiores en diversos parámetros educativos y de salud a los de los países de su entorno. Y convirtiéndose en referente, especialmente en América Latina.

Pero buena parte de los problemas que les afectan también tienen que ver con dinámicas y decisiones internas. Entre otras razones, por implantar un modelo económico tan hiper estatalizado como ineficiente. Una cosa es disponer de una educación y una sanidad potentes, o que pública sea la producción de energía y otra, bien distinta, es estatalizar las peluqueras, los zapateros y todas las pequeñas empresas de los distintos sectores, como bares y restaurantes, así como a los productores agrícolas. El resultado no fue positivo.

Lo que sucede ahora añade mucho más dramático. Como afirma el escritor y cineasta David Trueba, “el bloqueo al envío de medicinas, alimentos y servicios de primera necesidad es una acción de guerra que los cubanos no se merecen”, al margen de la opinión que legítimamente podamos mantener sobre su gobierno, su sistema político y las carencias democráticas y de libertades.

Esa acción de guerra contra Cuba de la que habla Trueba es impulsada, por cierto, por quien está restringiendo la democracia, despreciando la separación de poderes o atacando a la libertad de expresión en Estados Unidos; quien detiene a niños de cinco años en su brutal cruzada antiinmigración; quien pone en duda los resultados electorales si estos no le favorecen; quien elimina las agencias de cooperación internacional y suprime las políticas contra la Crisis Climática; quien se cree legitimado para apropiarse, por las buenas o por las malas, de los recursos de otros estados, sea en Venezuela o en Groenlandia; el que protege, en el caso Epstein, a las mafias que violan menores; quien va dando pasos que se dirigen a la implantación de una dictadura de los tecnócratas supermillonarios.

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