“Un trocito de cielo” para una gran obra humanitaria


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“Un trocito de cielo” para una gran obra humanitaria

Rafael J. Lutzardo Hernández   30-01-2018   16:01:17   Tagoror Digital

Dicen algunas personas que el padre Antonio ya disfrutaba de su propio cielo en la tierra, porque tuvo la grandeza de construir un cielo para los enfermos y ahora desde el cielo también gozará en su “trocito de cielo”

30.01.2018. Santa Cruz de Tenerife / Reportaje

Por: Rafael J. Lutzardo Hernández

Tuve la suerte de conocerle en el Puerto de la Cruz. Fue un encuentro casual, donde un amigo me lo presentó. Me habló de sus proyectos; de lo importante que eran las personas mayores para él. Sin duda, el padre Antonio María Hernández fue un referente en el Archipiélago canario, especialmente en Tenerife. Un sacerdote vanguardista que tuvo la idea e imaginación de vender “trocito de cielo”, con el objetivo de construir un centro de Mayores en la ciudad turística del Puerto de la Cruz. Dicen algunas personas que el padre Antonio ya disfrutaba de su propio cielo en la tierra, porque tuvo la grandeza de construir un cielo para los enfermos y ahora desde el cielo también gozará en su “trocito de cielo”.

Nacido el 12 de octubre de 1936 en La Orotava, el párroco estudió latín y humanidades en el Seminario de Tenerife. Igualmente realizó estudios con los Capuchinos en Valencia (Venezuela), tras colgar los guantes de boxeo que usó como deportista durante algunos años. Fue ordenado sacerdote en el año 1973, por el entonces obispo Luis Franco Cascón en la parroquia orotavense de la Concepción. Ha sido párroco en la isla de El Hierro, concretamente en la zona de San Andrés, el Pinar, Isora y La Restinga; vicario sustituto en la Concepción de Valverde.A partir del año 1975 es nombrado párroco de Santa Rita en el Puerto de la Cruz donde levantó el Centro de Mayores de la Fundación Canaria Hogar de Santa Rita I y II además de haber logrado el compromiso para la puesta en marcha de un centro de investigación del alzheimer para ello, durante años, el padre Antonio vendía a creyentes y no creyentes "trocitos" de cielo, como él mismo los denominaba.

Ni que decir tiene, que su muerte, tras una larga y agresiva enfermedad, el 24 de marzo de 2011, causó un gran impactó en todo el Archipiélago canario, concretamente en la zona norte de Tenerife, donde miles de fieles se dieron cita para decirle el ultimo adiós. El trabajo humanitario logrado por este gran hombre de la Iglesia cristiana fue ejemplar e importante, pero no exento de envidias y obstáculos. Incluso, el propio alcalde de aquella época y ya desaparecido, Marcos Brito comentó que: “Se peleó con muchos políticos y no políticos con el único propósito de lograr y alcanzar su objetivo solidario, y es algo que merece nuestra distinción y reconocimiento», advertía el histórico militante de Coalición Canaria, quien no pudo evitar derrumbarse en la iglesia ante el féretro de aquel a quien, allá por 2006, había otorgado el título de Hijo Adoptivo de la ciudad en reconocimiento a su labor social.

En lo que respecta a las polémica de su gestión, tras la creación del Hogar Santa Rita I, perteneciente al obispado de Tenerife, tirando de “trozos de cielo” y donaciones privadas y la Fundación Hogar Santa Rita II, cuyo fin era construir una residencia cuyo coste fue de 32 millones de euros; comenzaron las dudas. Es decir, casi desde el principio se hablaba de problemas económicos en la gestión. El incendio en octubre de 2008 de Santa Rita I puso a la luz deficiencias importantes en éste centro y en el otro, una carencia de inspecciones alarmantes y, en general, una política de mirar hacia otro lado de muchas administraciones públicas que, en lugar de cumplir con su deber de supervisar estos centros privados, se limitaban a enviar a “sus ancianos” a Santa Rita. Por otro lado, se criticó mucho la gestión de la Fundación Santa Rita II porque tras la denuncia de personas cercanas a la misma o de sus trabajadores, se pudiera estar utilizando su reputación para un lucro privado por parte del dinero ingresado a través de los residentes, de los donantes, de actos benéficos y de subvenciones públicas, en detrimento de otras fundaciones.

Así pues, y como describían algunos medios de comunicación, el padre Antonio fue una buena persona; contradictoria, pero buena. No se ven muchos casos de dedicación a los necesitados en esta sociedad deshumanizada y poco respetuosa con los demás. Él creó un imperio de caridad: unas residencias donde los ancianos pudieran vivir y morir dignamente. Tendrá sus luces y sombras este cura, pero su labor y su legado están ahí, todo el mundo los puede ver. Vendía trocitos de cielo. El cielo era, hasta entonces, muy grande para ser parcelado, pero él lo hizo. Se metió en el bolsillo a los ricos para que ayudaran a los pobres; y a los políticos también los convenció para que lo secundaran en su obra. El padre Antonio era un echado para adelante que conquistó en vida muchos corazones. Se hizo muy grande e hizo muy grande su resultado final. 

Rafael J. Lutzardo Hernández

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Periodista y escritor. Actualmente colabora como columnista y realiza reportaje de sociedad en El Diario de Avisos.

Autor de numerosos prólogos de libros y programas de fiestas populares de nuestra tierra. Autor del libro "Vamos de Guachinches y otras casas de comidas"