28.03.2026 | Redacción | Opinión
Por: Rafael J. Lutzardo Hernández
El invierno se fue y llegó la primavera, pero lo hace con muchas lluvias, vientos y nieves. Un año 2026 que entró muy fuerte y deseoso de seguir dándonos muchas borrascas, las cuales insisten en seguir ocupando el espacio que dejó el invierno. Mientras tanto, la vida sigue su curso normal, como si no le importase lo que está ocurriendo en su propio feudo. Poco se habla ya de la guerra entre rusos y ucranianos, tampoco de Nicolás Maduro y su mujer, también de la guerra en Gaza y por último de la reciente guerra de EE UU e Israel contra Irán. Así funcionan las leyes del ser humano en el planeta tierra. Cada loco con su problema; el mundo no se puede parar y seguirá girando a través de muchos planetas hasta que un día llegue una gran piedra desde el espacio convertida en un enorme meteorito y destruya nuestro planeta.
Así mismo, comprendo que cada uno de nosotros luchamos por evitar las enfermedades que desgraciadamente puedan acabar con nuestras vidas; una lucha que se hace presente en cada momento de nuestras vidas. Todavía me pregunto si la famosa y desgraciada pandemia de la Covi-19 fue un motivo suficiente para que el ser humano fuera mejor. Es decir, más humano, solidario, comprensivo y noble. Sinceramente, creo que no. Ahora somos más desconfiados, menos solidarios y más ambiciosos y malas personas.
Del mismo modo, la desigualdad social describe las diferencias persistentes en ingresos, oportunidades y derechos entre grupos de población. Abarca ámbitos como la educación, la salud o la participación social y tiene efectos directos en la pobreza, la discriminación y la cohesión de las sociedades. Por lo tanto, concluyo con la esperanza y la ilusión de poder vivir unos cuantos años más para ver un mundo con banderas blancas, donde la paz mundial sea el motivo y la prioridad para que la vida de millones de persona se vea en un ambiente de felicidad mundial,
Rafael J. Lutzardo Hernández