07.02.2026 | Redaccióm | Opinión
Por: Rafael J. Lutzardo Hernández
El invierno se resiste abandonar su estación invernal, provocando numerosas lluvias, nevadas y vientos. Un año 2026 que muchas personas mayores no recuerdan un invierno tan frío como este. Sin duda, es de agradecer que la naturaleza nos haya regalado una aguas que todo ser vivo necesitamos para vivir. Sin embargo, en otros lugares de la Península ibérica, mas concretamente en un parte de Andalucía, el agua ha sido demasiada; motivando que los ríos hayan superado el nivel de capacidad, lo que significa desbordamientos incontrolados. La tierra ya no puede aguantar tanta agua, pues más de 7.000 personas han sido desalojadas de sus viviendas en una gran parte de Andalucía. Sin duda, 500 y 800 litros por metros cuadrados es algo que no es normal. Cierto es, que los embalses, presas y galerías están llenas, previéndose unas reservas para unos cuantos años.
Mientras tanto, entre alegrías y tristezas la vida sigue su curso normal. Las leyes de la naturaleza son sagradas y de ellas dependemos nosotros para vivir en este planeta tierra. Es importante sacar el lado positivo de todo lo que viene sucediendo en este comienzo de siglo XXI, pero sin olvidar a las miles de personas que han perdido sus casas y negocios. Vivimos en un mundo revuelto, despojado de valores humanos y de la pérdida de la razón y la lógica. Sobre todo de aquellos países llamados poderosos, los cuales invaden otros territorios que no son suyos.
Por último, seguiremos viviendo algunos días oscuros de un invierno que insiste en seguir dándonos muchas más lluvias, vientos y frío. Y escribo esto porque observo desde mi habitación como los cristales de mis ventanas se engalanan con lágrimas de finas lluvias ante la figura impertérrita de nuestro admirado y querido Teide, el cual se viste de blanco para generar frío y agua potable, las cuales serán depositadas en las galerías subterráneas de nuestra isla.
Rafael J. Lutzardo Hernández