Desde La Mesa Mota

Pablo García Medina, catedrático de Psicopatología, del Área de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de La Universidad de La Laguna (ULL).

23.01.2020 | Redacción | Entrevista

Por: Paco Pérez

Por medio de la Fundación Canaria Juana Reyes, con motivo de su primer aniversario y especialmente en el Día Internacional de los Trastornos de la Conducta de La Alimentación (TCA), el 30 de noviembre, a través de su presidenta la jurista Isabel Aguilar --quien también padeció esta enfermedad--, hemos contactado con Pablo García Medina, catedrático de Psicopatología, del Área de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de La Universidad de La Laguna (ULL). Es autor y coautor de diferentes publicaciones científicas, en áreas tales como Investigación Criminológica, Psicología Jurídica referente a conductas problemáticas en la adolescencia; Estilos educativos, relaciones paterno-filiales. Ha sido también director de tesis doctorales, en importantes temáticas dentro del ámbito de la Salud Mental. Pero lo que le avala principalmente es su conocimiento de la psicopatología tanto evolutiva como general. Es Psicólogo Clínico Especialista y miembro, además, del Consejo Asesor de la esta Fundación. Esta ha sido nuestra conversación

¿Qué significado cree que tiene la psicología en nuestra sociedad? ¿Cree que se le da la importancia que debería? o ¿sólo es así en situaciones de especial sufrimiento para el ser humano?

La Psicología estuvo en nuestro país, durante mucho tiempo, en descrédito. De modo parecido que las otras profesiones que tienen algo en común con el cuidado de la salud mental. Esto llevó a considerar que la conducta alimentaria no pudiera ser corregida con procedimientos basados en el aprendizaje. Hoy, quien se informa bien, sabe que la psicología es una disciplina con sólidos fundamentos. Y que sus procedimientos son totalmente naturales. Como en toda disciplina seria se sabe donde se puede o no se puede, o cómo intervenir.

PROBLEMAS DE CONDUCTA ALIMENTARIA

Los problemas de conducta alimentaria están fuertemente conducidos en origen por hábitos inadecuadamente conducidos (reforzados). Es el caso que empezamos tomando leche materna (que tiende a ser salada) y cuando cambiamos a otros alimentos se "refuerza" la ingesta de los dulces. Más tarde, hacemos que los niños pasen de modo brusco a ingestas de salado (pescado, por ejemplo); o, de lo líquido a lo sólido con tropezones, pero según los gustos del adulto. En esos pasos damos saltos nada graduados. En uno de esos saltos puede que la voluntad (motivación) lleve al consumo de unos determinados alimentos en desfavor de una dieta equilibrada. Si las presiones han sido intensas con altibajos puede que incluso se empiece a comer muy selectivamente. De tal evolución, un análisis de conducta puntilloso nos dará también una alternativa para los cambios tanto cognitivos como conductuales. Si acometemos esos cambios puede que evitemos mucho sufrimiento en la curva del desarrollo posterior.

EL VALOR JUDAICO-CRISTIANO DE LA PERFECCIÓN

En todos o casi todos los protocolos de eventualidades dramáticas para la sociedad con víctimas por catástrofes naturales, terrorismo, violencia machista, o bien patologías donde la vida está claramente en riesgo, enseguida aparece la figura del psicólogo, sin embargo, todavía no hacemos labor de prevención y escondemos que acudimos a terapia ¿Por qué cree que se da esta paradoja? ¿Qué valoración hace de esto y qué cree a grandes rasgos que queda por hacer?

Cultura. Nuestra cultura judaico-cristiana valora la perfección. La psicología de los individuos ha visto un cambio en la externalización (exculpación) pero no de la internalización (inculpación). Para los primeros ejemplos, de su pregunta (catástrofes, terrorismo, violencia inter-géneros...) hay una causa externa. No tienen que ver con nosotros mismos, no somos culpables de lo sucedido.

Cuando vamos voluntarios a un psicoterapeuta tendemos a enfrentarnos y tener que superar la fase de la inculpación: "algo debo estar haciendo mal"; no tengo fuerza de voluntad, decimos. Y por si fuera poco, existe una fuerte herencia de las enfermedades contagiosas. Si lo digo me rechazarán. Miedo.

Cuando una persona tratada en psicoterapia mejora suele cambiar ese prejuicio. Conozco por experiencia, que los que asisten a terapia y logran cambios positivos no tiene inconveniente en reconocer que fueron a terapia. Por lo tanto pienso que aquí funciona la desinformación sobre lo que la psicología puede y es capaz de hacer.

TRASTORNOS MENTALES

Hablemos de trastornos mentales ¿Por qué considera grosso modo que son tan incomprendidas estas personas por la sociedad? ¿Qué implica la dicotomía “aislamiento social//vacío personal” en este contexto?

Digo que es el desconocimiento sobre cómo comportarnos, no saber qué hacer con esas personas afectadas. Un psicólogo clínico adquiere y tiene unas pautas, un entrenamiento, para el trato y el saber hacer en esos casos. Si los demás no tienen esa formación depende de los entornos y del interés que ponga en ello. Una familia con un afectado por Síndrome de Down, "aprende" de modo natural cómo debe ser el trato habitual. Y si recibe información puntual de un profesional sabrá hacerlo mejor.

El aislamiento y el vacío existencial a que se condena a algunos afectados de trastornos deviene del desconocimiento por parte de los demás. Por ejemplo, en la población general se ha extendido la idea de que los afectados por esquizofrenia o por autismo tienden a ser agresivos. Nada más lejos de la realidad. Ninguno de esos grupos ha mostrado ser más bizarro, o agresivo, que el promedio de la sociedad. Todos los afectados por toxicomanías no mueren por sobredosis y, en general, los autistas son muy tranquilos y pausados en sus expresiones.

TRASTORNOS EN LA CONDUCTA DE LA ALIMENTACIÓN

En entorno de Trastornos de La Conducta de la alimentación (TCA) Una situación donde no son correlativas las variables madurez biológica y madurez intelectual ¿puede crear un problema en las relaciones afectivas y sociales?

Evidente. Son potentes los datos que dicen que inteligencia baja (tomando en cuenta los distintos tipos) va asociada a mayor vulnerabilidad psicopatológica en general. Para romper ese patrón es necesario analizar qué tipo de inteligencia, y con qué intensidad afecta a una determinada área de funcionamiento (social, emocional, afectivo-relacional, etc).

En este marco de vacío personal si no se trabaja a tiempo ¿puede suponer riesgo vital por la complejidad que comprende la relación con la comida o incluso pensarse en el suicidio?

Sí.

Si esto es así ¿no cree que el nivel de conciencia e información en la sociedad acerca los TCA ha sido hasta ahora un fracaso? ¿Qué propondría como soluciones, a grandes rasgos?

- Divulgación de lo que en ciencia se conoce.

- Escuela de padres y madres.

- Contenidos transverzalizados en los colegios.

- Divulgación en los mass media.

- Legislación que obligue/castigue a los anteriores en esos cumplimientos.

¿Podría explicar brevemente cómo se trabaja en terapia y cómo sería, en su opinión, la mejor manera que la sociedad entendiera que se trata de un trastorno cuya raíz nada tiene que ver con el mundo de la imagen o profesiones con este vínculo?

Percepción, método y comunicación y método son las claves. Percibimos modelos pero también percibimos nuestras debilidades. Un modelo cercano afectivo puede ser una hermana que se puso de dieta por su cuenta (sin orientación de un profesional). Este es un modelo a copiar muy poderoso. Percibimos que somos vulnerables a ciertas ingestas. Puede que este sea el estímulo evocador que lleve a desear dejar de comer o, por el contrario, a aumentar la ingesta.

El método sólo puede ser el ajustado a la ciencia que conocemos. Debemos dar información neutra sin carga emocional. Por ejemplo, informando de cuánto debemos pesar según estatura, qué nutrientes son aconsejables, destruyendo tópicos erróneos como que no "debemos nunca comer azúcar o grasas", de las diferencia mujer-hombre en relación con la dieta... etc. Dedicando en todo momento a dar información retroalimentada de nuestros logros tanto cognitivos como conductuales. Un cambio positivo supone "saber y percibir" que pesamos lo que debemos, comemos lo que es adecuado y que podemos llevar cada día una vida que mejora en calidad.

FALTA DE EMPATÍA SOCIAL

Finalmente, ¿cómo se puede superar cierta incomprensión social respecto a determinadas dolencias, que muestran muchas personas, incluso profesionales sanitarios? ¿Hay una especie de estigma en determinadas enfermedades?

Parto de que todo y todas estamos siendo estigmatizados y que acabamos estigmatizando a los demás en algún momento. Y eso sucede más cuanto más enfadados estamos o soberbios nos sentimos. Si por el contrario vivimos con miedos o somos vulnerables tendemos a aflojar en esa actitud. Cuando nos toca de cerca una dolencia solemos suavizar esa tendencia a estigmatizar. Falta "empatía" en esta sociedad de la información, que no de formación. La incomprensión social deviene de la cultura de "yo" por encima de los demás. No queremos la miseria cerca. El materialismo mueve a tener lo mejor, lo más avanzado y perfecto, el último y mejor móvil u ordenador...

Cuando funcionamos pensando que también nuestro yo puede sufrir una dolencia, empezamos cambiar el mal regalo que hacemos a los demás estigmatizándolos. Y pienso que la educación puede hacer un cambio rotundo en este sentido. Pero implicando tanto a la familia, la escuela y otros agentes sociales. Cuando hay dolencias o imperfecciones el punto de origen, para el cambio en la aplicación de etiquetas, está en los adultos que sirven de referencia educativa para los más jóvenes.

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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