Desde La Mesa Mota

La pintura es una expresión artística tan sublime como subjetiva y a lo largo de la historia del arte, desde que el hombre es hombre, ha sabido expresarse así, como lo demuestran los grabados rupestres en la cántabra Cueva de Altamira

14.02.2019 | Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

La pintura es una expresión artística tan sublime como subjetiva y a lo largo de la historia del arte, desde que el hombre es hombre, ha sabido expresarse así, como lo demuestran los grabados rupestres en la cántabra Cueva de Altamira o, por ejemplo, en los jeroglíficos del antiguo Egipto, donde aparecen figuras de personas de perfil, pero con el ojo visible mirando de frente al que las observe.

Los movimientos pictóricos y sus tendencias han ido acompañados en sus respectivos períodos a otras expresiones artísticas, como la escultura, la arquitectura monumental, las composiciones musicales o las obras literarias, que forman en su conjunto la expresión y el sentir de épocas determinada en la historia de la Humanidad.

Por suerte, cuando estudié Geografía e Historia en nuestra querida Universidad de La Laguna (1975-1980) tuve grandes profesores de Arte, como Alfonso Trujillo (que falleció prematuramente y de repente por una crisis cardiaca), María del Carmen Fraga o Domingo Martínez de la Peña, todos ellos grandes conocedores de diversas etapas de la historia y excelentes docentes, que supieron transmitir su amor por las artes y, especialmente, por la pintura.

Como es lógico, cada uno tiene sus gustos y preferencias. A mí, por ejemplo, me fascinan las obras --y en particular su faceta de retratista-- de Francisco de Goya, un revolucionario de su época como fue Mozart para la música, pero también me encantan algunos cuadros de Velázquez,

Admiro las obras de Van Gogh, que nunca logró vender un solo cuadro, y me encantan los principales pintores del Impresionismo francés, como Degas, Renoir, Manet, Stevens, Rusiñol, Matisse o Monet, y ni qué decir de los artistas románticos españoles del XIX como Mariano Fortuny o los lienzos de varios miembros de la familia Madrazo.

Admiro igualmente el surrealismo de ese genio que se llamó Salvador Dalí y el cubismo de Pablo Picasso o Juan Gris o el hiperrealismo de Antonio López y Amalia Avia, ya en pleno siglo XX.

De los pintores canarios me quedo con el tinerfeño Pedro González y su "microcosmos", las maravillosas acuarelas de los Bonnín, los paisajes teideanos de Martín González, las expresiones surrealistas del lagunero Óscar Domínguez, las obras figurativas de Mariano de Cossío, el colorido y la fuerza del lanzaroteño universal César Manrique y las manifestaciones plasmadas por el gomero José Aguiar, sólo por citar a media docena de artistas isleños, porque la lista sería interminable.

Imagen: biografieonline.it | CEDIDA

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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