Al Golpito

Venezuela es como un paciente que agoniza, aunque sus constantes vitales siguen funcionado

28.07.2018. Redacción | Opinión

Por: Rafael J. Lutzardo Hernández

Venezuela es como un paciente que agoniza, aunque sus constantes vitales siguen funcionado. Una crisis brutal y despiadada en todos los sectores de la sociedad del pueblo venezolano, motiva que el país caribeño este conectado a una maquina de impotencia, de desesperación y de sufrimiento. Por todo ello, pacientes y organizaciones protestan para denunciar que una "sentencia a muerte" se cierne sobre unos 300.000 enfermos crónicos en Venezuela por la severa escasez de medicamentos, que según gremios llega a un 95%.

Cada día cientos de personas entre trasplantados renales, hemofílicos, pacientes con cáncer y afectados por otros padecimientos crónicos, se manifestaron en la plaza Alfredo Sadel de Caracas con pancartas en las que se puede leer: "No queremos morir", "Venezuela agoniza" y "Sin medicinas muero". "Necesitamos acción inmediata, no podemos aguantar más, nos están sentenciando a muerte", denunció Francisco Valencia, transplantado renal que dirige la ONG Codevida, al afirmar que el panorama se agrava para "16.000 pacientes dependientes de diálisis, 75.000 con VIH, 20.000 con cáncer y 5.000 hemofílicos". Valencia denunció que 10 transplantados han muerto en los últimos días "por falta de inmunosupresores". Además, al menos cinco personas han muerto recientemente por falta de insumos para dializarse, según familiares y ONG.

"Esto es una condena de muerte sin haber cometido delito", dice a la AFP Yolimar Sánchez, de 59 años, quien hace ocho días recibió un riñón de una hermana y ahora puede perderlo porque no consigue el tratamiento completo. Del mismo modo, "una caja de pastillas se consigue en seis millones de bolívares y dura 15 días", lamentó una persona, quien recibió un riñón de su madre hace siete años.

Al margen de la escasez de alimentos que está motivando muchas víctimas, también son muchos los pacientes que sufren diferentes enfermedades que se ven afectados por la ausencia de pastillas para diabéticos; medicamentos para infartados, próstata, trasplantados de riñón etc. Una Venezuela olvida por un mundo capitalista, consumista y materialista.

Por otro lado, el salario mínimo en Venezuela es de 798.510 bolívares (unos tres dólares en el mercado negro). Se requeriría el equivalente a siete sueldos para comprar una caja de pastillas. Es por ello, que varias ONG hayan propuesto al Gobierno de Nicolás Maduro que acepte Cooperación internacional de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), sin éxito. Hay que recordar que el presidente Nicolás Maduro lanzó a finales de enero un "plan de salud ancestral" para tratar enfermedades con hierbas y productos naturales. El 30 de enero aprobó 15,6 millones de dólares para adquirir "medicamentos hemoderivados, insumos para bancos de sangre, catéteres y reactivos para las máquinas de diálisis". 

Por tal motivo, la meca de la medicina en Venezuela está cayendo. Cada vez son más las vidas de los venezolanos que se apagan por la escasez de medicamentos y las condiciones críticas que vive el Hospital José María Vargas, ubicado en la ciudad de Caracas, Venezuela. Un centro hospitalario que en la década de los 90 era ejemplo para toda América Latina, ahora solo opera a 30% de su capacidad. No hay quirófanos, funcionan solo 7 máquinas de hemodiálisis y el área de hospitalización pasó de 440 camas operativas a 120. Así es la actual Venezuela del siglo XXI.

Rafael J. Lutzardo Hernández

Rafael J. Lutzardo Hernández

Periodista y escritor. Actualmente colabora como columnista y realiza reportaje de sociedad en El Diario de Avisos.

Autor de numerosos prólogos de libros y programas de fiestas populares de nuestra tierra. Autor del libro "Vamos de Guachinches y otras casas de comidas"

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