Al Golpito

La grave crisis económica, política y social por la que actualmente está atravesando Venezuela, motiva que muchas mujeres jóvenes y mayores se vean obligadas a prostituirse a cambio de un pedazo de pan

09.09.2018. Redacción | Opinión

Por: Rafael J. Lutzardo Hernández

La grave crisis económica, política y social por la que actualmente está atravesando Venezuela, motiva que muchas mujeres jóvenes y mayores se vean obligadas a prostituirse a cambio de un pedazo de pan. Ya no son solamente los refugiados que huyen de otros países de las guerras y las miserias con destino a Europa. El abuso sexual cotidiano y la explotación sexual se convierten en una horrible pesadilla infernal para todas aquellas mujeres que emigran del terror de los conflictos bélicos. Ahora le tocó el turno al país caribeño. Un país que de tenerlo todo, ahora no tiene nada. La herencia dejada por el golpista militar, Hugo Rafael Chávez Frías, “arquitecto” del Chavismo a finales del siglo XX, generó un gran giro de una Venezuela hacia una sociedad de izquierda; llevando al país caribeño al nuevo Socialismo del Siglo XXI. Y de paso, llevarlo a la ruina total. Su sucesor, Nicolás Maduro, al que se le considera colombiano y conductor de guaguas en Caracas, toma el mando a toda prisa, junto con Diosdado Cabello, el cabeza pensante de las Fuerzas Militares de Venezuela.

El abuso de poder, la dictadora férrea y violenta del Gobierno de Nicolás Maduro y la mala y pésima gestión de sus ministros en las relacione diplomáticas y económicas, han motivado que Venezuela sea un país agredido, violado y arruinado por un Gobierno chavista ciego, fanático y paranoico. Es por ello, y desde sus últimos años de historia y decadencia, ya no sólo sube en índices de criminalidad, inflación, corrupción, escasez y descontento. Hoy, el fantasma de la prostitución arropa vidas. El alto costo de la sobrevivencia, obliga a niñas y adolescentes a cambiar su cuerpo por comida, dinero, ayuda familiar o hasta el pago de la educación; cifra que, con el paso de los años, y la poca atención gubernamental, aumenta estrepitosamente.

En un interesante artículo de Estefani Brito en el periódico digital Primicias24.com, expone como están prostituyéndose en la actualidad muchas mujeres en Venezuela. Prostitución, palabra que lleva a muchos a pensar en “mujeres de la mala vida”, “mujeres de la calle”, “mujeres de la vida fácil” o “mujeres públicas”, pero a pocos lleva a reflexionar sobre las razones y circunstancias que empujan a muchas féminas a ejercer el oficio más antiguo del mundo.

La prostitución ha estado ligada desde sus inicios a la pobreza, pero también a la denigración de la mujer, quien es la que principalmente lo ejerce a causa de la falta de oportunidades e igualdad de condiciones con los hombres.

Con el pasar de los años esta profesión conllevaba a la facilidad de ascenso socioeconómico, las mujeres que se dedicaban a vender sus cuerpos ayudaban a sus familias, pero también optaban a la oportunidad de obtener casas nuevas en lugares cómodos, carros, ropas, zapatos, joyas y una variedad de lujos de manera más rápida.

Sin embargo, esta es una realidad que en la Venezuela actual ha quedado atrás; la crisis política, social y económica que enfrenta desde hace cuatros años el país ha hecho estragos en la vida de los venezolanos, quienes cada día ven las cosas más difíciles para poder cubrir una de las necesidades primordiales de cualquier ser humano: la alimentación.

La crisis económica es la punta de este iceberg, el poder adquisitivo de los venezolanos cada vez alcanza para menos, con una inflación, de acuerdo a la Asamblea Nacional (AN), de 110% para el mes de mayo, pero en la calle más real con aumentos indiscriminados que se producen diariamente, llevarse un plato de comida a la boca es toda una odisea.

Las mujeres venezolanas se ven en la penosa situación de intercambiar algunos fluidos corporales y el dedicado recorrido a la piel de un extraño, para poder llevar el pan a la mesa de sus casas, pues esto se ha convertido en unas de las alternativas laborales a las que han tenido que recurrir.¿Producto de exportación?

Durante siglos muchas han sido las féminas que ofrecen sus servicios de “amor” por dinero, ella han mantenido este mercado entretenido y bien abastecido, en bares, burdeles, discotecas, hoteles y principales avenidas del país.

Con vestidos cortos, tacones de aguja, maquillaje de noche y unos resplandecientes labios rojos, muchas de ellas empezaban sus jornadas laborales, con clientes fijos y uno que otro “resuelve” que pasaba por allí, vendían pasiones al oscurecer para tener otro estilo de vida a la luz del sol.

Hoy esas mujeres, las que durante años se han dedicado a prestar sus conocimientos sobre el placer, se han topado con la situación del país que las ha llevado a la degradación más humillante en su oficio: intercambiar sus caricias, a causa de la escasez del efectivo y del poco valor que este tiene, por alimentos.

Las más fuertes y las que han tenido algunos ahorros han podido irse del país, dejar aquí este trabajo para cruzar la frontera y ejercer lo mismo, pero con una mayor competencia y remuneración.

“Me vine porque en Venezuela no daba para más, el dinero no me alcanzaba y ya ni lujos me podía dar. A parte, cada día era mayor la competencia y cobraban mucho menos. Aquí por lo menos cobro en dólares”, dice Mónica (nombre ficticio), quien se encuentra en Colombia, desde hace ocho meses ejerciendo la prostitución.

Esta joven de 26 años, quien tiene cinco años prestando sus servicios sexuales, aseguró que en el país vecino tiene mucho más oportunidades de ayudar a su familia (quienes en Venezuela ya sabían a qué se dedicaba). “Ayudo en mi casa, le mando dinero a mi mamá y a mis hermanos y tengo para pagar mis cosas acá”, agregó.

Mónica explicó que se fue al país vecino con dos de sus compañeras de trabajo, quienes también prestaban sus servicios en una agencia de “modelos” en la capital venezolana, gracias a un contacto que conocieron durante sus jornadas nocturnas.

Por su parte, Danna (nombre ficticio 25 años) explicó que se fue a Perú cuando la situación comenzó a empeorar con otras amigas porque ya no tenían posibilidad de darse los lujos a los que estaban acostumbradas. “Me gusta comer bien y vestir caro, eso en Venezuela ni en sueños lo puedo hacer, por eso aquí puedo trabajar y vivir como Dios manda”, aseguró.

La profesional del placer indicó que tiene compañeras que migraron a otras latitudes del continente por la misma razón que ella y que además, han logrado reclutar a otras jóvenes sin experiencias que se han sumado a este oficio debido a la difícil situación que atraviesan sus familias.

“Hago esto por los dólares, al principio me sentía sucia, pero pensaba en mi familia, en el trabajo que pasé y en la miseria que viví. Ahora puedo mandar dinero a mi familia, ellos comen y viven bien, gracias al sacrificio que yo hago”, enfatizó Catalina (nombre ficticio 19 años), quien alegó que nadie la obligó a sumarse a esta profesión.

Una generación nacida en revolución

El escenario para este oficio varió de una manera considerable, pero también lo han hecho sus protagonistas, quienes se inician a muy temprana edad (10 0 12 años) en la profesión más antigua del mundo por la imperiosa necesidad que azota sus hogares.

En la actualidad las niñas venezolanas han dejado atrás las muñecas, tablet’s, computadoras, charlas con sus amigas y fiestas de quince años para sobrevivir a la crisis que ha llevado a miles de venezolanos a comer de la basura.

En noviembre de 2017, la coordinadora de la Fundación Amigos del Niño que Amerita Protección (Fundana), comentó en una entrevista para Venezuela para el mundo que se ha detectado que “en Petare hay niñas que están siendo explotadas sexualmente a cambio de cantidades de comida”.

Por su parte, Oscar Misle, director del CECODAP, organización que busca prevenir el abuso infantil, señaló que aproximadamente 45.000 jóvenes se han visto obligadas a abandonar sus ambiciones para trabajar como esclavas sexuales o prostitutas infantiles.

Rafael J. Lutzardo Hernández

Rafael J. Lutzardo Hernández

Periodista y escritor. Actualmente colabora como columnista y realiza reportaje de sociedad en El Diario de Avisos.

Autor de numerosos prólogos de libros y programas de fiestas populares de nuestra tierra. Autor del libro "Vamos de Guachinches y otras casas de comidas"

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