Cultura

Se sentía melancólica recordando el tiempo vivido a su lado, pensaba que el ayer había sido lo mejor que le había acaecido

 

12.04.2021 | Redacción | Relatos

Por: Isa Hernández

Se sentía melancólica recordando el tiempo vivido a su lado, pensaba que el ayer había sido lo mejor que le había acaecido. No había forma de que se diera cuenta que todo había terminado y que debía cerrar los portones del pasado, y abrir las ventanas a su alma para airear los pensamientos que ya no podían regresar, aunque ella lo ansiara con todo su corazón. Él había partido a otra dimensión y se había vaporizado, pero ella se instaló en el carrusel y no podía descender a la realidad, por más que todo su entorno la apoyara y facilitara todo el espacio para su desahogo. Su mirada se perdía en el horizonte arrebolado y no advertía las imágenes que se movían a su alrededor. Tampoco escuchaba el canto de los jilgueros que salían a su encuentro cada día al asomarse a la barandilla del balcón cuando miraba para ver si él regresaba, como solía hacer en el ayer. No pedía nada ni deseaba que nadie se inquietara por ella, solo deseaba estar a solas, en su mundo, recreándose en su reunión imaginaria y con sus quimeras mágicas que nadie lograba entender. A veces, se la oía emitir sonidos incomprensibles, enigmáticos, como si compartiera una plática en un dialecto extraño y pareciera que conversara con él; pero nadie se atrevía a interrumpirla porque entonces, desencadenaba un estado de furia y se transformaba toda su cadencia y suavidad exquisita en agresividad extrema hasta el punto de enloquecer, y por ello sus allegados respetaban esos estados de templanza, y callaban ante los ecos raros que emitía en momentos de evasión imperiosa, cuando se sumergía en su lugar recóndito, aunque estuviera rodeada de seres que ella no advertía y, que sentían el hondo deseo de que algún día retornara y abriera la puerta al presente que la esperaba con ternura, ilusión y esperanza.

Imagen: Isa Hernández | CEDIDA