Cultura

Soñaba que algún día escaparía de esa situación que la embargaba y no la dejaba manifestarse tal cual era; disimulaba para no resultar empalagosa ni parecer victimista ante los demás, pero ello le costaba estar sumergida en la hostilidad de su exist

 

14.08.2021 | Redacción | Relato

Por: Isa Hernández

Soñaba que algún día escaparía de esa situación que la embargaba y no la dejaba manifestarse tal cual era; disimulaba para no resultar empalagosa ni parecer victimista ante los demás, pero ello le costaba estar sumergida en la hostilidad de su existencia y la carcomía por dentro de una forma magna. Ello le hacía preguntarse cada día por qué debía aguantar y pagar ese precio que la consumía. No encontraba explicación alguna que justificara ese ahogo y esa desesperación, nadie le pedía que lo hiciera ni tampoco lo forjaba para que alguien se diera por aludido. Sin embargo, no podía deshacerse de ese hastío que la estorbaba ante cualquier evento a los que asistía, y cuando oía a sus interlocutores y les respondía por educación, lo hacía con desidia, como si todo le resultase insignificante, sin el más mínimo interés. No había quimera que le aportara el más mínimo gusto o placer en ese encuentro ni en cualquier otro. No hacía simulacro por indagar qué es lo que la llevó a ese estado, o qué la motivó para que nada de su alrededor le interesara, aunque fuera con el mínimo atisbo de complacencia a su persona o a su intelecto para que le reportara un resquicio de satisfacción. Sabía que su madurez y las vicisitudes por las que había pasado podían influir en su actitud, mas no lo había buscado ni por recelo; ello la estaba aniquilando y quería deshacerse de tal estado de desgana a cualquier acto social y a todo tipo de interrelación personal. Cavilaba por acudir a un profesional para ver si daba con el remedio de su mal, pero una fuerza interior la empujaba a no asomarse a la ventana, y acallar el grito machacón del instinto que la incitaba al vacío. Dando vueltas en derredor despertó y corrió al espejo, se miró y observó una generosa sonrisa que iluminaba su cara y hacía brotar destellos luminosos que no la dejaban ver más allá de la imagen proyectada. Siguió largo rato como si buscara en el interior del retrato el pensamiento que aún hervía en su mente.

Imagen: Isa Hernández | CEDIDA