Cultura

Salían cada mañana a dar el paseo por la alameda cercana a su morada

 

05.04.2021 | Redacción | Relatos

Por: Isa Hernández

Salían cada mañana a dar el paseo por la alameda cercana a su morada. Ella no lo soltaba de la mano, a veces le apretaba tan fuerte que le dejaba las marcas, como si tuviera miedo de que se le escapara. Él le decía que no tuviera miedo, que siempre estaría a su lado porque era lo más importante de su existencia, y su vida no tendría sentido sin ella. El recorrido abarcaba poca longitud, pero era especial para ellos. Sara eligió ese lugar en su día como el rincón de luz, paz y sosiego de su amor, donde se declamaban poemas y expresaban sentimientos que solo ellos compartían, entendían y guardaban para sí. Ahora Ramón se lo contaba para que lo recodara, o eso creía él. Le describía la cadencia de las ramas de los sauces como si fuera una reverencia, y aspiraba el aroma de las flores de los jacaranda colores púrpuras, a su paso, como si Sara fuera la princesa del bosque de su pensamiento. Ella no entendía nada de lo que Ramón le narraba, pero él creía que sí y nada ni nadie le refutaba su evocación. Los que pasean por el lugar aún lo ven deambular hablando solo y, murmuran de que, hablaba a su princesa. Ramón relata que a veces la ve entre las ramas de los sauces, y le sonríe agradecido en el silencio, con lágrimas de tiempo. Sus almas se añoran, aunque bien sabe que ella está vigilante, y en voz queda, él le susurra poemas de amor a través del viento.

Imagen: Isa Hernández | CEDIDA