El viaje de regreso y la huella de la infancia en la pareja
El psicólogo humanista Román Morales reunió a 140 personas en el Espacio Price de Santa Cruz de Tenerife en un encuentro que llevó a escena los papeles que aprendemos en familia y repetimos en nuestras relaciones

08.11.2026 | Redacción | Sociedad
Por: Elena Torres Álamo
Autora del libro: Regreso a mi y Cuatro formas de amar
Varios voluntarios del público representaron a padres, madres, hijos e hijas. Román Morales se sirvió de esas escenas para mostrar cómo se aprende a complacer para evitar un conflicto, a perseguir la perfección para ganarse la aprobación o a sentir culpa al poner un límite. En el Espacio Price, los papeles de una familia sirvieron para plantear una pregunta que cualquiera podía llevarse a casa. ¿Qué seguimos haciendo para que nos quieran, mucho después de haber dejado de ser niños?
El encuentro, celebrado el sábado 7 de noviembre en Santa Cruz de Tenerife, congregó a 140 personas en una sala con aforo para 250. Morales alternó la explicación con la participación de los asistentes. Su soltura al hablar en público se apreció sobre todo al dar forma a ideas difíciles de reconocer en uno mismo. El control, el perfeccionismo o la complacencia aparecieron en escena junto a la necesidad de sentirse aceptado y de que alguien tome en serio lo que uno siente.
Los papeles que aprendemos en familia
Morales habló de las caretas que aprendemos a sostener para encajar. Desde su enfoque humanista, explicó que algunas maneras de protegernos o de buscar el afecto de quienes nos criaron pueden reaparecer, sin que seamos conscientes de ello, en la convivencia con una pareja. La representación invitó a mirar tanto los vínculos actuales como los que quedaron atrás. El papel de quien cede para evitar una discusión, por ejemplo, puede acompañarle de una relación a otra.
La mirada del ponente se extendió a quienes cuidaron de aquellos niños. Morales planteó que los adultos también podían estar actuando desde heridas que seguían abiertas. Así, la escena permitió mirar a la vez a quien buscaba el afecto de sus padres y a unos cuidadores que traían consigo su propia historia.
Los hombres también tienen una historia que contar
De las 140 personas que acudieron, 29 eran hombres. Morales se dirigió en particular a las mujeres para invitarlas a considerar la historia emocional de los hombres con quienes se relacionan. Señaló que, detrás de algunas reacciones en pareja, puede haber experiencias de abandono, rechazo, injusticia o invalidación. Su intervención dejó también una invitación para los hombres que desean construir una relación saludable y echan en falta herramientas para hablar de lo que sienten o pedir lo que necesitan.
Mirar con ternura al niño que un día se sintió herido fue una de las ideas que atravesó el encuentro. Llevada a la vida cotidiana, esa mirada abre preguntas concretas. ¿Qué temo que ocurra si expreso lo que necesito? ¿Cuándo intento controlar algo porque me cuesta decir que tengo miedo? Son preguntas que cada persona puede hacerse al recordar cómo se relacionaba en casa y cómo responde hoy cuando algo le duele.
La jornada concluyó con una meditación guiada por un miembro del equipo. La voz cálida y pausada cambió el ritmo de la sala. Después de ver a otros representar papeles familiares, cada asistente tuvo un momento para volver sobre lo que esas escenas le habían hecho recordar.
Si Morales vuelve a convocar un encuentro en Tenerife, quien se anime a asistir puede llevar una pregunta propia. Puede nacer de una discusión que siempre termina igual, de un límite que cuesta poner o de la sensación de que hay que ganarse el cariño. El sábado, ver esos papeles representados por otros dio al público la ocasión de reconocerlos en su propia historia y preguntarse cuáles quiere seguir sosteniendo.



