Cultura

Zulema recordaba las historias que le contaba su abuelo, sentado en el muro de piedra del patio de la casa blanca con ventanas de cristales cuadriculados, esas que perduran para siempre en la memoria

05.06.2022 | Redacción | Relato

Por: Isa Hernández

Zulema recordaba las historias que le contaba su abuelo, sentado en el muro de piedra del patio de la casa blanca con ventanas de cristales cuadriculados, esas que perduran para siempre en la memoria y que si cierras los ojos desfilan por delante de tu mente las imágenes como si hubiera sido ayer. Entonces era muy pequeña y observaba a su abuelo con ojillos vivarachos de color miel, cabellos dorados como el oro y toda la atención de que era capaz una niña de diez años, pero esa historia la dejó traspuesta y casi sin respiración y fue corriendo a preguntar a su abuela si era verdad, aunque Zulema en el fondo sabía que era verdad porque su abuelo no mentía. Más tarde supo que era una leyenda antigua que contaban los vecinos del lugar y que los hechos ocurrían cada año en la madrugada del día 8 de septiembre cuando se celebraban las fiestas patronales del pueblo de sus abuelos, en Tijarafe, un nombre aborigen que significa “Sombra” quizá debido al frescor de la sombra de sus pinos.

Tijarafe es un municipio situado en el oeste de la isla de La Palma, Islas Canarias, es una franja de tierra volcánica de naturaleza viva, que abarca desde la cumbre coronada con el frondoso pinar hasta el mar donde culmina en un acantilado agreste, con secretos escondidos entre las rocas azabaches, bañadas por el océano Atlántico. Entre los quebrados se encuentra la Cueva Bonita, con una playita de arena negra. escondida en la cueva que asoma cuando baja la marea. El mar ahí se torna transparente y se divisa el fondo pintado de estrellas y corales, y bate con pinceles de colores como si sus olas pulieran la guarida y crearan belleza en el escenario. Más de uno ha sucumbido por desafiar a la naturaleza, porque solo se llega al lugar por mar y, a la naturaleza hay que respetarla y no retarla según le contaba su abuelo, un mago del lugar, pero al que Zulema admiraba y respetaba por su ingenio, talento natural y sabiduría popular. La fiesta se celebraba en honor a su patrona la Virgen de Candelaria. Se llama la “Fiesta de El Diablo” y simboliza la lucha del bien y del mal; la luz y la sombra, como una disputa entre los dos poderes: el bien y el mal; la lucha de la mujer y la bestia.

Imagen de archivo: Isa Hernández