Cultura

La sorpresa rebosaba por todos los poros de su piel, y sus palabras se paralizaron como si de un mimo se tratara

 

18.12.2020 | Redacción | Relatos

Por: Isa Hdernández

La sorpresa rebosaba por todos los poros de su piel, y sus palabras se paralizaron como si de un mimo se tratara. No esperaba la llegada de Alma ni siquiera la sospechaba en días próximos, quizá y con estrella acaeciera en días cercanos a la Navidad. El café se quedó a la mitad posado en la taza, como si ya nada importara y sus manos no reaccionaban cuando se disponía a realizar pequeñas acciones cotidianas. Seguía con los ojos fijos en Alma, escrutándola como si no fuera ella. La miraba a la cara y la observaba con el pelo más crecido, pizpireta y locuaz, como es ella, risueña de ver el estupor con el que la miraba, y pasmada de la extrañeza que veía en su semblante. Su madre no reaccionaba y la tocaba, la abrazaba y la volvía a mirar. Estaba feliz de notar la cercanía y le alababa la desenvoltura, la ropa que vestía, su dicharachera palabrería, como si no terminara de creer que estaba frente a ella, que había dejado atrás el país lejano y regresaba al hogar. Mamá despierta ya, que no soy un fantasma que soy tu hija, le jaleaba, pero seguía sin convencerla de que estaba a su lado. Le sirvió el cortado a su hija mientras Alma siguió relatando la aventura del viaje largo traspasando las nubes de la magia para acompañarla, con la infinita satisfacción de contemplar a su madre dichosa. El temblor al oír el toque en la puerta, la estremeció, porque no esperaba a nadie, y se agudizó al abrir y ver la cara de su hija delante de sus ojos, como si fuera un resplandor fruto de los deseos que albergaban su pensamiento, y no de la realidad palpable que acontecía.

Imagen: Isa Hdez. | CEDIDA