Cultura

Me acompañó todo el trayecto mientras regresaba a casa tras disfrutar del día del Libro, en el día de Sant Jordi

01.05.2022 | Redacción | Relato

Por: Isa Hernández

Me acompañó todo el trayecto mientras regresaba a casa tras disfrutar del día del Libro, en el día de Sant Jordi.  Miraba por la ventanilla del avión y todo el campo visual hasta el horizonte cimbreaban nubecillas algodonosas que salpicaban de sombras el suelo de valles, ríos y montañas, en la lejanía. Al llegar al mar, rumbo a la isla, esas nubes seguían a mi lado como si no quisieran dejarme, tal si me acompañaran en la soledad de mis pensamientos, y me agradecieran que escribiera algo sobre ellas, como si fueran seres animados que pendían en el espacio y, de un momento a otro se fueran a caer desde la altitud en donde se encontraban suspendidas. Algunas de ellas tenían formas de animales, y así pude contemplar una jirafa blanca como la leche; un oso blanco de peluche de algodón, y un elefante blanco que parecía querer hablarme con la trompa. Después, a medida que avanzaba el vuelo contemplaba las figuras que proyectaban las nubes en el mar y percibía varios objetos planos de color azul fuerte, más azul que el resto del agua del mar. Sin saber por qué, me puse a escribir y me obnubilé con las nubes, tal vez para olvidarme que atrás quedaba algo de mi esencia, que fue mi luz y mi sombra mientras estuve en la gran ciudad. Y, mientras contaba estás percepciones avanzaba el vuelo y ya divisaba a lo lejos las islas que me dieron la luz y que cada vez que salgo y me alejo de ellas solo pienso en el momento de regresar y mezclarme con su claridad, color y sabor. El vuelo ha sido suave, sin turbulencias y, ya nos acercamos. Nos preparan para el aterrizaje y, casi no me he enterado.

Imagen de archivo: Isa Hernández