Cultura

La observaba con disimulo a pesar de que ella se hacía la olvidadiza

 

03.07.2021 | Redacción | Relato

Por: Isa  Hernández

La observaba con disimulo a pesar de que ella se hacía la olvidadiza. Sabía que si no cumplía con su cometido sufriría, y más pronto que tarde se lo haría saber, cuando no hubiera solución posible y debiera esperar un año más. La había acostumbrado, y silenciosa esperaba con anhelo su hermoso regalo. Cada nueve de noviembre asomaba en el hogar con la maceta de violetas, y le duraba todo el año hasta el siguiente, por el esmero con que ella la cuidaba. Ese día siempre escuchaban el vinilo de Cecilia. Recordaba con nostalgia el tiempo en que le declaró su amor bailando el ramito de violetas, la canción de la cantante de moda, que los dejó demasiado pronto y marchó a iluminar las noches sin luna como si una estrella más se hubiera agregado al mundo de los sueños. De ahí la alianza que siguieron conmemorando en su recuerdo y en el de su amor que aún seguían manteniendo a pesar del tiempo. Se sucedieron los ramitos de violetas y, se cambiaron por macetitas de violetas en los años sucesivos que se regaban de promesas, sueños y deseos. Pero nada es para siempre y, ya no llegaron más violetas a la estancia del recuerdo. Su mirada expresaba la evocación que durante tanto tiempo albergó su existencia y, agradecida evocaba la concurrencia de las dos almas en el universo de la pasión, el afecto y la ternura. Apoyada en el alféizar de la ventana sonreía tímidamente por la remembranza que le provocó la emoción de recordar el ayer.

Imagen de archivo: Isa Hernández