Mis Retales

En marzo se celebra el Día Mundial de la Poesía pero a partir de ahora, también será recordado como el mes que nos cambió la vida para siempre y no precisamente a golpe de versos.

27.03.2020 | Redacción | Relatos

Por: Magdalena Barreto González

En marzo se celebra el Día Mundial de la Poesía pero a partir de ahora, también será recordado como el mes que nos cambió la vida para siempre y no precisamente a golpe de versos.  En un momento de confinamiento absoluto porque el principal lema es "quédate en casa", es inevitable pensar en todo lo que dejamos fuera, pero sobre todo, en quienes están fuera para que nosotros podamos quedarnos dentro

Son días en los que la solidaridad tiñe los colores de nuestra bandera, días de balcones,  de calles vacías, de tristeza en los ojos y aplausos a media tarde. Días de mensajes a los nuestros, de pantallas de móviles con baterías moribundas, de cosas que inventar y tareas por hacer. También son días en los que la mayoría rescatamos al niño que llevamos dentro y al mirarnos al espejo nos preguntamos si realmente estamos orgullosos de ser quiénes somos. Quizás nos demos cuenta de que en muchos momentos de nuestra vida pudimos hacer más por aquellas personas que sólo reclamaban un poco  de atención. Hoy nos miramos al espejo y pensamos en la madre, el padre, el hermano o el hijo que somos, y es inevitable pensar en nuestros padres y abuelos, en todas esas personas mayores que hoy son los más vulnerables ante este virus que nos has trastocado nuestra manera de ser. Me sobrecoge el alma pensar en esas personas que no han podido ganar la batalla y que se han ido en silencio y en la más completa de las soledades. Qué tristeza no poder despedir a nuestros seres queridos, dar un último aliento, una última mirada, un último beso. Y no puedo evitar acordarme de mi abuela y se me agolpan un montón de sentimientos. Ella ya no está y aunque quizás no se entienda esto:-"agradezco que así sea"- porque al menos pude/pudimos ver cómo se apagaba poco a podo y acompañarla hasta el último momento. 

Si cualquier despedida "para siempre" duele en las entrañas, cómo poder gestionar que no la haya. Probablemente era necesario este dolor para que recordásemos lo vulnerables que somos y que no hay nada en esta vida que pueda ni deba estar por encima de lo que realmente importa, la propia vida; esa que nos brinda cada día la oportunidad de ser y de sentir.
Más allá de ideologías, colores, razas o religiones, todos, absolutamente todos, estamos hechos de la misma materia. Qué importa la cuenta corriente, la carrera que se tenga, o los metros cuadrados de nuestra casa, si al final, hay enemigos como la muerte, que nos elige a ciegas.

Al margen de esta tragedia, son muchas las personas que se quejan por tener que estar en casa, que manifiestan aburrirse infinitamente en un encierro impuesto y que inventan mil argucias por salir. Y yo pienso que el universo nos está haciendo un regalo aún a costa de tanto dolor. Nos está regalando tiempo para poder usarlo, gastarlo o malgastarlo a nuestro antojo, sin horarios ni remordimientos. Tiempo para mimarnos, cuidarnos, descansar y hacer todo aquello que en nuestro frenético día a día no podemos llevar a cabo. Aquellas pequeñas cosas que siempre quedaron en nuestra lista de asuntos pendientes: la película que no acabamos de ver, el libro que se quedó cogiendo polvo en la estantería, los cajones que dejamos sin revisar, la receta de aquel pastel que tanto nos gustaba, cambiar los muebles de lugar o el te quiero que no tuvimos tiempo de decir. No sé por qué nos empeñamos en ver este encierro como algo tan difícil cuando hay familias que tienen la gran oportunidad de reconstruir relaciones, de contarse aquello que quedó por decir y compartir la vida, aún dentro de cuatro paredes. Seamos un poco más solidarios con quienes no pueden quedarse en casa ya que  su labor es esencial y vital para el resto de la población así como con tantas personas que tienen que lidiar con el bicho. Evitemos tantas quejas y lamentos y celebremos la vida estando más cerca de quienes queremos aunque sea sin tocarnos porque es increíble lo cerca que podemos llegar a estar a pesar de la distancia, es sólo una cuestión de proponérselo.
Yo me quedo en casa. Todo va a salir bien. Esta lucha es de todos y la vamos a ganar.

Magdalena Barreto González.

Magdalena Barreto González.

http://www.mividaenretales.blogspot.com

Magdalena Barreto González. Nacida en Santa Cruz de Tenerife en el verano de 1977.
Me defino como una chica de pueblo, crecí jugando en las calles de Granadilla de Abona, en una época en la que no sabíamos nada de nuevas tecnologías.
No soy escritora ni me atrevería a definirme como tal. Sólo soy una chica sencilla a la que le gusta escribir, quizás porque la lectura es una de mis pasiones y desde pequeña tuve mayor facilidad con el manejo de las palabras.

Fue en uno de los momentos más duros de mi vida cuando descubrí que necesitaba escribir porque haciéndolo me sentía más libre. Así que empecé a tejer letras, a hilvanar palabras, a coser frases y con ellas nació mi blog que también puedes seguir a través de Facebook

Esa soy yo; alguien que escribe porque simplemente haciéndolo se siente feliz.

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