Opinión

Los que tenemos una edad, con canas incluidas, recordamos como nuestros padres, empezaban a trabajar, desde muy jóvenes en una empresa y durante toda su trayectoria laboral, siguieron en la misma, haciéndola un apéndice de su vida

02.03.2022 | Redacción | Opinión

Por: Óscar Izquierdo

Presidente de FEPECO

Los que tenemos una edad, con canas incluidas, recordamos como nuestros padres, empezaban a trabajar, desde muy jóvenes en una empresa y durante toda su trayectoria laboral, siguieron en la misma, haciéndola un apéndice de su vida, queriéndola como cosa suya, desviviéndose por sacarla adelante y progresando a base de formación continua, reciclaje y esfuerzo, para llegar a la jubilación, con la satisfacción del deber cumplido, de la fidelidad demostrada y del querer imborrable. Era lo normal, lo que se estilaba en una época de entrega abnegada, como forma de entender el trabajo, es decir, poniendo a la persona en primer lugar. Estar en la misma empresa toda la vida, era motivo de orgullo, de reconocimiento profesional, donde, además, estaba implicada toda la familia. Pero los tiempos han cambiado, ahora parece un sueño conseguirlo, me refiero, por supuesto, a la iniciativa privada, incluso no es un objetivo apreciado, ni posible en algunos casos, por lo jóvenes, que viven en la interinidad permanente, en primer lugar, por la misma dinámica impuesta por el sistema productivo, donde brilla la precariedad laboral, lo que hace difícil acometer proyectos estables, además, de por cuestiones sociológicas, donde lo permanente no se valora, sino el cambio inestable, expresión de la sociedad del relativismo.

Permítanme celebrar con ustedes, el treinta aniversario de estar trabajando en FEPECO. Han sido años intensos, labor agotadora en ocasiones, aprendizaje constante, conocimiento de muchas personas, desde políticos de todos los partidos políticos, a ciudadanos corrientes o sufridores, así como entidades de todo tipo. Es media vida la que he pasado en esta Organización Empresarial, a la que quiero tanto y que cuenta con total raigambre, tanto en nuestra provincia, especialmente como defensora de Tenerife, como también en Canarias y a nivel Estatal, como miembro de la Confederación Nacional de la Construcción, CNC. La crearon unos empresarios valientes y visionarios, el 4 de mayo de 1997, por lo que cuenta con una dilatada historia de cuarenta y cinco años. Su estabilidad, seriedad y compromiso absoluto con los empresarios y con nuestra tierra, ha sido seña de su identidad. En todo este tiempo, sólo ha habido cuatro presidentes, Agustín Seco, Félix Quemada, Antonio Plasencia, por cierto, el verdadero valedor, impulsor y forjador de una Patronal fuerte y el que escribe este artículo.

Hemos pasado por momentos de efervescencia del sector, con un desarrollismo desaforado, que atrajo a todo el mundo, pero sin los conocimientos oportunos, ni las cualidades necesarias, para ser un verdadero empresario de la construcción. Querían ganar dinero, rápido y fácil y eso significó muchas tragedias, personales y familiares. También, hemos experimentado crisis tremendas, la última, la del 2008, que casi provocó la desaparición del tejido empresarial local de la construcción. Como consecuencia y para dar respuesta a las nuevas necesidades y salir del hoyo, la segunda generación, en las distintas empresas, empezaron a tomar el mando, con una gran preparación académica, técnica o profesional. Lo que ha propiciado un nuevo sector, totalmente modernizado, apostando por la sostenibilidad, el respeto al territorio, la incorporación de maquinaria de última generación, productos novedosos, eficiencia energética, accesibilidad universal y digitalización.

Permanecer, ininterrumpidamente, treinta años en FEPECO, media vida, es una de las grandes satisfacciones profesionales que he podido cumplir, estoy contento, sobre todo, agradecido por la confianza y el apoyo incondicional del empresariado, que he recibido en todos estos años. Lo que me anima a seguir trabajando, esperando contar con las fuerzas suficientes, para persistir, aportando lo que he aprendido, me han enseñado o lo he experimentado en carne propia. Una de las características, que más sobresale de la Federación, es su independencia, para mí es vital, oxigeno vivificador, sabiendo que no estamos mediatizados por nada, ni por nadie. Por eso, siento un orgullo indescriptible y a la vez gozoso, de ser el presidente de FEPECO.

Imagen de archivo: Óscar Izquierdo, presidente de FEPECO