Opinión

Terminamos esta trilogía veraniega dedicada a los noistas, donde hemos pasado del reino vegetal, con las sandías, al reino animal, con los camaleones y por último, al reino humano, con los agitadores profesionales

29.08.2022 | Redacción | Opinión

Por: Óscar Izquierdo

Presidente de FEPECO

Terminamos esta trilogía veraniega dedicada a los noistas, donde hemos pasado del reino vegetal, con las sandías, al reino animal, con los camaleones y por último, al reino humano, con los agitadores profesionales. Recordamos siempre que son esos ecologistas de despacho, con aire acondicionado, moqueta, coche oficial, buenos sueldos, generalmente funcionarios y políticos en activo, excedencia o jubilados que, desde una altura ética, donde ellos mismos se han subido sin vértigo ni vergüenza, pero con excesiva arrogancia, se ven investidos de no sé qué supremacía moral, sin legitimidad popular, pero con mucha altivez. Insistimos, porque es evidente, por su continuado comportamiento a lo largo del tiempo, en su intento, algunas veces desesperado, de parar el crecimiento económico, bienestar y desarrollo social de Tenerife. Huele algo raro, que sólo suceda en nuestra isla, lo venimos advirtiendo desde hace décadas, en cambio, en el resto, lo que hay son manifestaciones y proclamas para que se ejecuten las obras, tanto privadas como públicas, que la financiación y planificación gubernamental tiene previsto o los inversionistas, locales o de fuera, quieren hacer.

Cuando se habla de la “quinta columna”, se refiere a una parte minoritaria de la población de un territorio determinado, que se alía con el bando enemigo, siendo desleales a su tierra y a su gente, colaborando, desde la sombra, para perjudicar lo máximo posible. Eso, son estos ecologistas endógenos que, desde su intelectualismo, que pierde toda imparcialidad, al anteponer su ideología, ante cualquier planteamiento racional o contrario a sus pareceres, se revuelven egolátricamente, para que sólo valgan sus argumentos, que como no puede ser de otra forma, están por encima del bien o el mal, porque para eso son planteados por ellos mismos, que son como deidades humanas. Por cierto, algunos, lo más verde que han visto en su vida, es el césped del campo de golf donde van a jugar su deporte favorito o el lagarto de Lacoste en su vestimenta acostumbrada.

Otra cosa son los activistas, que es la clase de tropa, los soldados o mejor dicho, los reclutas obedientes y sumisos a las órdenes recibidas de su amados lideres ecologistas, porque de algo se tiene que vivir, ya que, según sus estrictas normas ambientalistas, del aire no se puede porque está contaminado. Todo el tiempo libre o laboral, haciendo activismo, no da lugar a ocuparse en algo productivo, por lo que sí, en algún caso o momento, siendo un suponer, hay pagos y financiación, para mantener con vida esa actividad lúdica o altruista, todo dicho como un decir, nos imaginamos que estarán declarados a la Seguridad Social y a la Hacienda Pública. Estos quintos o quintas, como dirían ellos, se emocionan, incluso, se les ve llorando que, por cierto, es lo más humano, cuando, los adorados jefes noistas, desde sus cómodas poltronas, les encargan una acción reivindicativa, folklórica o que dé lugar a un espectáculo mediático, que es lo que buscan sistemáticamente.

Es como si estuviéramos en Corea del Norte, donde se venera, hasta litúrgicamente, al amado líder Kim Jong-un. Es comprensible, porque significa la referencia de paraíso comunista en la tierra, junto a la desarrollada Cuba y a la ejemplarizante Venezuela de Maduro. Todos y todas a una, con una misión mesiánica y eminentemente sectaria, que sencillamente es parar todo lo que se vaya a ejecutar en Tenerife, para que las inversiones, públicas o privadas, se vayan a otro territorio, preferentemente cercano y redondo o lejano si es el caso y no queda más remedio. Empobrecer nuestra isla es su objetivo. ¿Quién o quiénes salen beneficiados?, los prebostes noistas y los traidores de nuestra ínsula, lo saben perfectamente, porque son meros instrumentos al servicio de intereses, que podríamos denominar, cinematográficamente, del lado oscuro. Puede ser que haya evidencias demostrables, pero todo a su tiempo.

Imagen de archivo: Óscar Izquierdo, presidente de FEPECO