Desde La Mesa Mota

La calle principal del casco urbano se denomina oficialmente como del Obispo Rey Redondo, pero todo el mundo la conoce como de la Carrera

04.09.2019 | Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

La Laguna, ciudad que es Patrimonio de la Humanidad, por ser la única ciudad colonial no amurallada, conserva casi intacto el trazado original de su casco histórico, pero no así el nombre original de sus calles principales, que han cambiado de denominación a lo largo de los más de sus cinco siglos de historia, tras la conquista de Tenerife por tropas castellanas en 1496, cuatro años después del descubrimiento de América y última Isla del Archipiélago de Canarias incorporada a la corona de los Reyes Católicos.

La calle principal del casco urbano se denomina oficialmente como del Obispo Rey Redondo, pero todo el mundo la conoce como de la Carrera, que debe su nombre a que en ella se celebraban carreras de caballos, desde la Plaza de la Concepción a la de Abajo, como la llamamos los laguneros, aunque se denomine del Adelantado Fernández de Lugo.

La vía paralela de Herradores debe su nombre a que en ella había en siglos pasados varios hombres que se dedicaban al oficio de herrar, si bien durante la dictadura franquista fue llamada oficialmente del General Franco, como sería habitual en la mayoría de las poblaciones de nuestro país.

Por su parte la actual calle de San Agustín, que debe su nombre al convento e iglesia agustinos, que fue sede del primer Instituto de Bachillerato de Canarias, durante un período más o menos largo se le conoció como la calle Real.

Por su parte la vía que va desde la Plaza de Abajo hasta la de San Francisco (donde está el Santuario del Cristo), que se llama de Nava y Grimón, siempre ha sido conocida como la calle del Agua, porque en su día tuvo una canaleta central, por la que la laguna de Aguere desahogaba agua en dirección al Tanque Abajo, en las inmediaciones de la Plaza de San Cristóbal, hoy conocida como de la Milagrosa, por estar presidido este espacio urbano por una virgen en un pilar dispuesto en el centro de la misma.

También otras calles cambiaron de nombre, y así la antigua del Tambor pasó a llamarse de Bencomo (nombre de un mencey guanche) y la del Pino se llama ahora Viana (en honor del poeta Antonio Viana), así como la de Los Álamos se llamó más tarde de Tabares de Cala. Y ya en la parte alta de la ciudad, la vía de entrada que siempre se conoció como calle de la Empedrada pasó a denominarse de Marqués de Celada.

Si les digo la verdad, a mí personalmente me gustaban más los nombres originales, que respondían a denominaciones populares y que se referían a alguna característica de cada calle, opero los tiempos cambian y los nombres de mofdician, como ha ocurrido recientemente con la Avenida Calvo Sotelo, que ha pasado a llamarse Leonardo Torriani, la de Delgado Barreto ha adoptado el nombre de Pedro Zerolo y la del Capitán Brotons ha pasado a llamarse de Suárez, en memoria del alcalde republicano cuando se produjo el golpe de Estado de 1936.

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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