Desde La Mesa Mota

He trabajado muchos años en varias redacciones de las Islas y durante todo ese tiempo me he tropezado con individuos muy raros, muchos tíos maniáticos, más de una docena de alcohólicos y con algún profesional que no cuidababa su higiene personal

28.11.2018. Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

He trabajado muchos años en varias redacciones periodísticas de las Islas y durante todo ese tiempo me he tropezado con individuos muy raros, muchos tíos maniáticos, más de una docena de alcohólicos y con algún profesional que, escribámoslo así, no cuidaba muy bien su higiene personal.

Me refiero, en concreto, a un joven periodista peninsular, no me acuerdo ahora mismo si vasco o navarro, que trabajó durante pocos años en uno de los periódicos en los que yo estaba, allá por los años ochenta del siglo pasado. Creo que aquel chico solo se duchaba de uvas a peras y, aunque no olía demasiado a sudor, las maquetistas y las redactoras sí se fijaban en que, un día sí y otro también, casi siempre llevaba el mismo par de calcetines.

No cabe duda que aquel muchacho era de secano, de tierra adentro, porque una vez un par de niñas de la redacción lo invitaron a ir a la playa de Las Teresitas y lo único que hizo fue descalzarse sobre la arena y desabrocharse algo la camisa, pero el hombre permaneció vestido en la playa durante horas, sin inmutarse lo más mínimo, a pesar de que el sol rajaba las piedras.

Para investigar más a fondo sobre su poca higiene personal, una de las diseñadoras de las páginas, le hacía rayones con los bolígrafos en los antebrazos y las manos del susodicho y aquella marcas permanecían en su piel durante días y más días, prueba evidente de que era más alérgico al agua que los gatos.

También les puedo decir que, en una ocasión, tuve que ir a verle al piso que tenía alquilado con otro compañero peninsular cerca del periódico y, cuando entré en aquella vivienda, el tufo a pies sudados me tiró para atrás y la habitación donde dormían era absolutamente irrespirable.

No sé si se lavarían "por partes" las axilas y otras zonas íntimas del cuerpo, pero les puedo asegurar que, desde luego, sus pies no habían tocado el agua en semanas, con lo que se pueden imaginar el "perfume" con el que estaba impregnado aquel piso. Me imagino que la casera no pagaría más de un metro cúbico de consumo de agua al mes... Y eso.

Fotografía: Kirsten Marie Ebbesen

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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