Desde La Mesa Mota

Otra avenida destacada de La Laguna es la de San Diego, que arranca en la plaza de la Junta Suprema y transcurre en sentido Oeste, en las afueras del casco histórico, hasta la ermita del referido santo, a los pies de la montaña del mismo nombre

10.10.2022 | Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

Otra avenida destacada de La Laguna es la de San Diego, que arranca en la plaza de la Junta Suprema y transcurre en sentido Oeste, en las afueras del casco histórico, hasta la ermita del referido santo, a los pies de la montaña del mismo nombre, una de las que rodea el valle de Aguere (nombre aborigen de La Laguna).

A esta ermita acuden masivamente los estudiantes, a mediados de noviembre, para pedirle al santo aprobar los exámenes de cada curso académico, en lo que se vino a llamar “la fuga de San Diego” porque ese día se suspendían las clases en el Instituto de Canarias y, más tarde, también en la Universidad.

Esta tradición se ha extendido por el resto de Tenerife y de las demás islas y la susodicha jornada ya es declarada hoy en día, oficialmente, como no lectiva. Y, con el paso de los años, se ha convertido en toda una semana de descanso.

La fuga de San Diego todos los años, a mediados de noviembre, desde una tradición que se remonta a 1919, los alumnos de las universidades, institutos y colegios canarios decretan ellos mismos una semana de vacaciones, que empezó como una anécdota estudiantil y duraba solo el día en que se conmemora la festividad del santo. En el año citado fue trasladado al entonces único Instituto de Canarias, en La Laguna un catedrático llamado Diego Jiménez de Cisneros, quien tenía la costumbre de realizar un examen sorpresa el día de su santo y por ello impidió que sus alumnos pudieran ir a la romería en su honor, por lo que estos decidieron fugarse. La fuga, desde entonces, se lleva a cabo concretamente el 12 de noviembre de cada año, aunque las nuevas generaciones de estudiantes hayan convertido el hecho en una semana de descanso lectivo, como si fueran unas auténticas vacaciones. Los alumnos que se fugaron en 1919 llevaron a San Diego unas calabazas como ofrenda y, como una especie de superstición, tocaron y contaron los botones de la estatua del fundador del convento, Juan de Ayala, que aún se encuentra en la famosa ermita, en las afueras de La Laguna, al final del camino que lleva a esta capilla donde se expone el santo. Aún hoy son centenares de estudiantes los que acuden cada año a la Ermita de San Diego a tocar los botones de la estatua, como una especie de rito para aprobar todas las asignaturas al final del curso académico, aunque la gran mayoría de los alumnos no acuden a la tradicional cita y se toman la semana de descanso, sin más. Esta costumbre de "festejar" a San Diego ha sido la excusa perfecta para que los estudiantes se fuguen una semana entera y no acudan a sus clases. Y la tradición lagunera se ha extendido a todas las Islas del Archipiélago, para no ser menos, aunque en los demás territorios insulares no exista un convento en honor al santo, ni una ermita, ni mucho menos un busto de don Juan de Ayala.

Imagen: Paco Pérez | Facebook

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

Sígueme:

Tagoror Digital no se hace responsable de las opiniones de sus colaboradores.