Desde La Mesa Mota

El Banco Sabadell y Caixa Bank no se van de Barcelona para proteger los intereses de sus clientes, sino sus propios intereses, entre otras cosas porque gran parte de la población española se está volviendo catalanofóbica.

07.10.2017. Redacción / Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

El dinero solo es de quien lo tiene. El capital es apátrida y tremendamente egoísta. Los intereses económicos, como las religiones, se adaptan como buenos camaleones a los momentos y las circunstancias.

Los independentistas catalanes son tan cerrados de mollera que pensaban que no se iba a producir un éxodo de empresas mercantiles, fábricas, industrias y, lo que más les va a doler, las dos principales bancos que radican en aquella región y que ya han decidido trasladar sus sedes sociales a otras partes de España, porque son conscientes de que si se declara ilegalmente la independencia, dejarían de estar protegidos por el Banco Central Europeo.

El Banco Sabadell y Caixa Bank no se van de Barcelona para proteger los intereses de sus clientes, sino sus propios intereses, entre otras cosas porque gran parte de la población española se está volviendo catalanofóbica y miles de clientes han empezado a llevarse sus cuentas corrientes de esas dos entidades bancarias, que tienen implantación geográfica en todo el Estado.

Los irresponsables sediciosos catalanes están haciendo un flaco favor a su propio país. Puigdemont, Junqueras, Forcadell, Colau, Mas, los Pujol y toda esa pandilla de corruptos. En busca de una amnistía fiscal y con la soterrada intención de defender a una oligarquía regional, creían que todo este asunto del "procés" era un coser y cantar, pero se van a estrellar como una pita.

Flaco, muy flaco favor, están haciendo los independentistas a los catalanes y al resto de los españoles. Conseguirán arruinar a una región y empobrecerán a España. Pero todo ello parece importarles un pepino, en defensa de unos ideales tan absurdos como falsos, porque --sabiéndolo o no--, detrás de todo esto sólo existen unos intereses muy particulares de determinados clanes endogámicos catalanes y, para qué negarlo, con ello están disfrutando muchos eurófobos, ultraderechistas nacionalistas de Alemanía, Francia o el Reino Unido, que quieren ver una Europa fracturada.

Ya les juzgará la Historia. Pero ellos, probablemente, no pagarán los platos de las valiosas vajillas que ya están rompiendo. ¡Qué pena! ¡Cómo han logrado engañar a dos millones de personas!

 

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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