Opinión

El desprecio que esa parte de catalanes de pura cepa o de cepa mil leches -lo mismo me da- sienten por nosotros y por la convivencia y las leyes, algún día puede cambiar

20.10.2019 | Redacción | Opinión

Por: Alejandro De Bernardo

adebernar@yahoo.es

Hay dos formas de escribir: con la cabeza o con el corazón. Como éste se me rompió, debería dominar la parte cerebral. No sé si lo lograré. Estoy poco acostumbrado a que sea la cabeza sin más, la que decida. Incluso hay quienes hablan de una tercera vía: las vísceras. De esa prefiero alejarme para que el daño no sea mayor que lo que pretendo amortiguar.

Hoy escribo desde la tristeza. No para mí, sino para Cataluña y España. Es decir, para nosotros. Tengo una familia allí y familia de allí. Y lo cierto es que les quiero tanto como a los que tengo en Madrid. Me ocupan, preocupan y me duelen lo mismo.

Luego he de confesar mi pasión innata -para algunos estúpida pasión- por el Barça. Por mi equipo de toda la vida. Me temo que así será por los siglos de los siglos amén y hasta el infinito, ida y vuelta. Es irracional. Pero hay verdades contrarias a la razón, desafortunadamente. Soy, lo siento, del Barcelona, a pesar de soportar a Guardiola dando lecciones morales desde su púlpito de oro macizo. Pep, en el fondo y en la superficie, nos desprecia. Me desprecia. Y no hay nada más doloroso que el desprecio. Y nada más desalentador que la decepción. La decepción ante el ídolo con pies de platino y alma de barro.

Los culés de fuera de Cataluña nos hacemos los sordos, nos hacemos los tontos, nos hacemos los suecos... cada minuto 17, de cada una de las dos partes, en los partidos que se celebran en el Nou Camp. Porque nos están echando. Eso que yo siento tan profundamente arraigado no les vale de nada. No lo consideran. Ni para dejarse querer, ¡coño! El amor puede hacer todo y también lo contrario de todo.

Recuerdo las palabras de Guardiola tras su primer campeonato de liga dedicando el título a los "ciutadans de Catalunya". Ni un recuerdo a los que somos ciudadanos de cualquier otra parte del mundo. A los aficionados del Barça que no nacieron, que no viven allí? que les den. Él, como Xavi Hernández, se pasan por el forro sus años en la selección. En la selección -que ahora parece avergonzarles- española. Gente de principios. Y nos insultan. Este país -España- es el más antiguo de Europa, conquistó el mundo entero y si sois lo que sois, o lo que creéis ser, es y ha sido por este país, España, que os ha jaleado, aplaudido, reconocido y pagado, vuestras indudables habilidades.

Ignorarnos es despreciarnos. El desprecio que esa parte de catalanes de pura cepa o de cepa mil leches -lo mismo me da- sienten por nosotros y por la convivencia y las leyes, algún día puede cambiar. Hoy, más que hace una semana, hay muchos que desprecian este delirio, este engaño, violento y falso, independentista.

Tú puedes pensar lo que te dé la realísima o monarquísima gana -lo mismo me da- pero no puedes despreciar, menospreciar o insultar al que no piensa como tú. Las consecuencias negativas que padezca España recaerán también en Cataluña. Sí, las dos palabras llevan la misma ñ. La tierra prometida, feminista, ecologista y acogedora, con salarios mínimos de infarto y carreteras doradas no existe. Vamos a dejarnos de historias. Vamos a dejarnos de histerias. El amor puede hacer todo y también lo contrario de todo. Recapacitemos antes de que lo hayamos destrozado.