Desde La Mesa Mota

En una de todas esas islas, cuyo nombre no me viene ahora a la memoria, ocurren y han sucedido cosas increíbles.

El Océano Atlántico, como ustedes saben, alberga algunos archipiélagos que no son otra cosa que conjuntos de Islas. Unos territorios insulares a veces grandes, como las ínsulas británicas, pegadas casi al continente europeo, o como Islandia, o las Grandes Antillas en el mar Caribe, y otras muchas más medianas y pequeñas, por ejemplo los conjuntos portugueses de Azores, Madeira y las habitadas Desiertas y Salvajes, el Estado insular de Cabo Verde, después de su independencia de Portugal, o las españolas Canarias, que fueron conquistada a finales del siglo XV por la Corona de Castilla, en un largo proceso invasor.

En una de todas esas islas, cuyo nombre no me viene ahora a la memoria, ocurren y han sucedido cosas increíbles. Por ejemplo, un organismo que se encarga de los puertos marítimos se ha ido convirtiendo, con el paso de los años, en un auténtico nido de grillos, donde parece que algunas personas influyentes cobran importantes comisiones dinerarias por conseguir determinadas cosas a algunos inversores, y donde uno de sus máximos responsables ha sido señalado por un fiscal especialista en estos casos como presunto delincuente por prevaricador y por acoso laboral a determinados subordinados, entre ellos dos asesoras presidenciales contratadas a dedo, como consecuencia de un capricho personal.

Esa institución, desde que está en manos de políticos del partido que gobierna esa Isla de forma ininterrumpida hace muchos años, es un auténtico hotel de los líos, donde los navajazos entre políticos de baja estofa y algunos funcionarios muy mediocres son muy habituales en distintos despachos, porque hay apetitosos mantecados que se guardan el algunos armarios y archivadores. Y también porque hay técnicos honrados que se niegan a colaborar con sus informes y correspondientes firmas en la comisión de supuestos delitos, e incluso se ha dado el caso de un funcionario de alto nivel que pidió traslado a otro sitio, tales eran el acoso y las presiones del personal de "arriba".

Como comprenderán no puedo ser más explícito ni puedo nombrar de qué organismo se trata, ni describirles las fiestas nocturnas que se han celebrado en un hotel de esa misma, donde determinados dirigentes creo que se iban de retiro religioso en unos lujosos ejercicios espirituales. En las islas pequeñas todo se termina sabiendo, tarde o temprano. Pueblo chico, infierno grande. Pero a toda esta gentuza no le importa que la sociedad isleña se entere de sus cuitas, asuntos y negocios, porque ya se han acostumbrado a delinquir y a malgastar el dinero ajeno delante de todo el mundo, entre otras cosas porque los isleños suelen ser personas muy tolerantes con ciertos asuntos. Y así le va a ese pueblo, claro. Dicen que cada sociedad tiene a los dirigentes políticos que se merece. Pues eso.

Nota: cualquier parecido o similitud con la realidad es pura fantasía del autor de este pequeño relato. Lo advierto, por si las moscas. Bye, bye...

pacopego@hotmail.com

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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