Desde La Mesa Mota

Don Vicente fue un hombre respetable y respetado, que vestía elegantemente y que se ponía un bonete de color rojo con un crespón negro en las ceremonias de inhumación de los cadáveres

02.09.2019 | Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

El otro día, no sé muy bien por qué motivo, nombramos en la Tertulia del Nivaria --hotel donde desayunamos un pequeño grupo de amigos laguneros todos los lunes por la mañana, a lo largo de casi todo el año-- a un personaje singular de La Laguna profunda, don Vicente el sepulturero del cementerio de San Juan durante muchos años, prácticamente durante toda la segunda mitad del siglo pasado.

Don Vicente fue un hombre respetable y respetado, que vestía elegantemente y que se ponía un bonete de color rojo con un crespón negro en las ceremonias de inhumación de los cadáveres, como un gesto de profundo respeto y homenaje al fallecido antes de ser enterrado o depositado su cuerpo en un nicho del viejo cementerio lagunero.

No sé realmente si el hábito hace al monje, pero lo cierto es que Vicente tenía cara de duelo permanente. Alto y enjuto, con cara muy seria y ceremoniosa, era la persona ideal para encarnar un papel protagonista en un camposanto en una película de Pasolini o de Visconti del séptimo arte italiano de los años sesenta.

Hombre afable y de excelente trato y educación, los laguneros de siempre le pusieron el apodo de "Vicente Risulta", porque cada vez que hablaba con otra persona iniciaba la conversación con la frase "Resulta que..." que él pronunciaba muy bajita y de manera muy tímida, con un acento especial que transformaba el resulta en "risulta" y por eso era conocido así.

El hombre dedicó su vida a los muertos, aunque parezca un contrasentido. Hombre profundamente religioso y coleccionista de imágenes de santos y de vírgenes, trabajó por voluntad propia hasta, por lo menos, que cumplió ochenta años. Debió vivir por la zona de la Plaza del Cristo, porque yo le veía con frecuencia pasar por la calle de los Álamos --donde residí a finales de los sesenta y principios de los setenta-- camino del cementerio de San Juan muchas mañanas, o de regreso, a última hora de la tarde desde el camposanto lagunero a su hogar. Que Dios lo tenga en la Gloria.

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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