Opinión

Los borradores legislativos tienen muchas veces la funcionalidad del globo sonda

02.11.2020 | Redacción | Opinión

Por: Alejandro de Bernardo

adebernar@yahoo.es

Los borradores legislativos tienen muchas veces la funcionalidad del globo sonda. Recurrentes y muy considerados por los gobiernos y responsables de turno. De vez en cuando, -el ejecutivo anterior lo hacía a menudo- se lanza el globo, de dimensiones un tanto desproporcionadas con la finalidad de poder recoger hilo a la cometa dependiendo del tamaño de los resoplidos o alergias que provoque.

Esta vez no hubo globo o me pilló durmiendo. Ahora se me está homogeneizando todo tanto… que tal vez ni me percaté de lo que volaba por el horizonte, aunque fuera de mi ámbito profesional. Hablo de que el Gobierno ha adaptado los criterios de evaluación, promoción y titulación en los centros educativos por la situación de la pandemia y el número de asignaturas suspensas podrá no ser tenido en cuenta para superar la Educación Secundaria Obligatoria y el Bachillerato. Aunque el texto especifica, no obstante, que “para la obtención del título de Bachiller será necesaria una calificación media igual o superior a la requerida para la superación de cada materia”, se deja a las comunidades autónomas autorizar este curso 2020-21 la modificación de "los criterios de evaluación" previstos para cada curso y, en su caso, para cada materia.

Entiendo que es una medida excepcional por esta situación que nos desborda, pero no puedo dejar de reclamar –por si se diera la tentación de perpetuar estas licencias- que si nuestra bandera es la igualdad, no podemos despeñar el valor del esfuerzo, del mérito, del estudio o la entrega de cada uno.

En nombre de la igualdad, algunos, sin saberlo o sabiéndolo, se afanan en destruir la única igualdad que realmente es considerada en las sociedades desarrolladas: la igualdad de oportunidades. La ley educativa que propone la ministra Celaá ha de hilar fino en pos de la justicia –social- que ha de brillar prioritariamente en la escuela.

La futura ley de Educación no puede tumbar el único instrumento que tienen los de abajo para igualarse con los de arriba: la educación. Si se pretende fomentar la igualdad dejando pasar de curso con asignaturas suspensas es el resorte que impulsará exactamente lo contrario: la desigualdad, la carencia de estímulo para progresar, la nivelación a ras de suelo. Se iguala, cierto, pero por abajo.

Seguir adelante con esta idea acarrearía gravísimas consecuencias en el futuro. Luchemos pues por uniformar los derechos y no los resultados. Porque los resultados no pueden ser los mismos para las personas que se esfuerzan, sean adolescentes o adultos, que para aquellos que hacen del pasotismo, la haraganería y la indolencia sus modos de vivir.

La educación propiciará que unos se sitúen en un modo en la vida en función de sus capacidades y dedicación, sean acaudalados o humildes, opulentos o desamparados. La educación, y tomo sin hipérbole el último adjetivo, es el verdadero amparo de los que no provienen de estirpe pudiente. Es la igualdad de derechos en la educación el gran bastión que sostiene una sociedad abierta, plural, tolerante, esencialmente justa y democrática.

Me cuesta creer que en nombre de los desfavorecidos, podamos llegar a pensar que aprobar o suspender asignaturas sea lo mismo. Solo les pido que en nombre de la igualdad no acaben con ella. Hay propuestas y tentaciones peligrosas. La educación no es consentir ni mirar para otro lado. Y nunca… sólo eso.

Imagen de archivo: Alejandro de Bernardo