El año en que apagamos el mundo

28.06.2026 | Redacción | Opinión

Por: Alejandro de Bernardo

adebernar@yahoo.es

Quién lo iba a decir. Yo, sí yo. O sea tú que debes ser yo. He cruzado la puerta de una clínica de desintoxicación. Yo, que mi única relación con el polvo blanco se quedó en el de la tiza y las pizarras. Yo, que viví en la creencia de que el alcohol era para curar las heridas... Yo, o sea tú o tú y yo, ya ni sé, vengo a este sanatorio a limpiarme del móvil. De las jodidas pantallas.

Cuatro jóvenes de veintitantos, caminando cabizbajos, bien sincronizados, como jugando “a tapar la calle” al pie de la catedral. ¡No la vieron! Ni a nada ni a nadie con los que se topaban. Creo que llevan instalado un chip de esos de los aspiradores de suelo tipo Rumba que justo antes de chocar les desvía. Es una locura colectiva. Gente rota. Nos hemos dado cuenta desde hace un buen rato… pero ya tarde. Perdimos el contacto con la realidad tangible. Con la que se puede oler, tocar y traducir con un abrazo. Ahora somos esclavos. Prisioneros de mentiras fabulosas. Todo va a mil por hora. Vídeos cortos. Luces de colores. Destellos que nos impiden pestañear.

Esto es “la libertad ¡carajo¡” Como en el nuevo fútbol. Ya de cuatro tiempos. Hay que facturar. Y nos fracturan. Por todo el medio. Ni somos capaces de ver un partido seguido ni una película ni nada. Hay que comprobar el último mensaje. El último 'like'. Los móviles nos ganaron la partida por goleada. Nos metieron un gol por la escuadra mientras sonreíamos. Ya no somos de carne y hueso. Solo un filtro de Instagram. 

Llego a la recepción. El corazón me va a mil por hora. Entrego el aparato. Mi amigo fiel. “Como la uña de la carne es aquel separar”… cual el Poema de Mío Cid”. Qué sensación tan extraña. El recepcionista lo apaga. Clic. Silencio total. Lo guarda bajo llave. Siento un sudor frío en la nuca. Un vacío en el estómago. Sé perfectamente lo que viene ahora: los temblores, el mono… la ansiedad de no saber qué pasa en el universo de cristal.

Camino hacia mi habitación. Qué viaje en el tiempo. Va a ser una semana de paseos y libros. De papel por supuesto. Aquí las reglas son sagradas. Huelen a árbol. Nada de pantallas. Hasta las bombillas semejan la llama de una vela. ¿Volveré a leer las novelas de Lafuente Estefanía? Ni idea. Bien que las disfruté aquel año de cuartel. Las devoraba. No sé ni cuantas cayeron. 

Necesitaba parar. Aislarme del ruido del mundo. En los pasillos me cruzo con otros náufragos. Hombres y mujeres de todas las edades. Mirada perdida. Ojos de cristal. Pero si miras bien, muy en el fondo, ves un brillo. Un ansia tremenda por recuperar la atención racional. El pensamiento limpio. El que teníamos antes de que los móviles nos colonizaran la vida. 

Qué hipócritas fuimos. Los padres nos manifestábamos. Queríamos que el Gobierno pusiera límites a los niños. La verdad te explota en la cara. Los mayores estábamos igual de enfermos. O peor. Los usábamos a todas horas. Mentíamos a nuestros hijos en la cara. Nos metíamos en el baño con el pestillo echado. Para teclear sin fin. Para devorar un reel detrás de otro. Patético. El escondite del drogadicto.

Hay esperanza. Siempre la hay. He firmado un papel sagrado. Estaré una semana entera sin tocarlo. No habrá mensajes a deshoras. No contestaré a nadie con esa prisa absurda que me impongo. Estamos aprendiendo a respirar otra vez. A esperar. A entender que lo importante nunca, jamás, fue urgente. Si me quieres, ven a buscarme a la plaza. Al banco de la sombra. Donde el tiempo camina despacio. Apaga el cristal, anda. Enciende tu vida. Vuelve a tocar la carne, a oler los días, a ser humano. Quiero mi vida de vuelta. Desengancharme. Ya si eso… te paso la ubicación.

(Continuará,,,)

Feliz domingo
PD Todo esto es ficción que pudiera ser realidad en poco tiempo. Lo de Venezuela es una desgracia terrible… desde aquí mi apoyo total al pueblo venezolano. De esta también resurgiréis. Mucho ánimo y a vuestra disposición.

 

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