Desde La Mesa Mota

A principios de los años sesenta, cuando el Carnaval chicharrero iba a ser prohibido por las autoridades franquistas las carnestolendas, pasaron a denominarse

03.03.2019 | Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

A principios de los años sesenta, cuando el Carnaval chicharrero iba a ser prohibido por las autoridades franquistas y, en particular, por el gobernador civil (creo que era Pablos Abril) siguiendo instrucciones de la Dirección General de Seguridad del Ministerio de la Gobernación, el entonces delegado de Información y Turismo, Federico Opelio Rodríguez Peña, con el expreso apoyo del Obispo de la Diócesis Nivariense, Domingo Pérez Cáceres, lograron convencer al "poncio de turno" para que permitiera la celebración de las carnestolendas, que pasaron a denominarse "Fiestas de Invierno", hasta la llegada de la Democracia.

Con muy buen criterio, tanto don Opelio como don Domingo pensaron que lo mejor era que la gente saliese a las calles, se divirtiera y celebrase sus carnavales, una tradición consolidada en esta Isla, sencillamente porque el ser humano necesita momentos de libertad y de expansión, aunque para ello necesite disfrazarse, beber más de la cuenta o cometer algunos desmanes .

Un entiende los Carnavales como una excusa para transgredir ciertas normas de comportamiento, porque hay quien dice que las reglas se hacen para ser incumplidas. El ser humano necesita válvulas de escape para sus problemas cotidianos y no hay nada mejor para ello que dar rienda suelta a sus apetencias festivas. De ahí que se entienda hasta cierto punto el comportamiento de los carnavaleros, que los hay de toldo tipo y condición, en una especie de "totum revolutum" en donde se mezcla la tranquila familia con sus hijos menores de edad que disfrutan de las actuaciones matinales en el centro de la ciudad, con los noveleros que acuden a los distintos concursos, los jóvenes que se desmadran con el alcohol y las drogas durante unos días con los que exhiben sus coches antiguos durante la Piñata. O quienes aguantan horas y horas bailando al aire libre en medio de una música ensordecedora u otros que prefieren echar un "kiki "entre dos coches aparcados junto a la acera de una calle más o menos oscura.

Todo eso son los carnavales, una antigua fiesta pagana, llena de desenfreno, que precede a la Cuaresma y a la Semana Santa, un período de recogimiento y de oración. Hay gente para todo, incluso para lo que no queremos saber nada, a nuestra edad, de estas fiestas populosas y populares. Y quienes aprovechan los Carnavales para mandarse a mudar de aquí y hacer un corto viaje por esos mundos de Dios. Amén.

#carnaval2019

Imagen: atlanticohoy.com

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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