Desde La Mesa Mota

El Carnaval tinerfeño también tiene otras cosas positivas y no solo son borracheras, intoxicaciones etílicas y abuso desmedido de otras sustancias tóxicas como el cannabis o la cocaína

04.03.2019 | Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

En comentarios anteriores me he referido a las fiestas de las carnestolendas como negocio y como excusa. Pero el Carnaval tinerfeño también tiene otras cosas positivas y no solo son borracheras, intoxicaciones etílicas y abuso desmedido de otras sustancias tóxicas como el cannabis o la cocaína. Ni tampoco es un desmadre sexual generalizado, aunque sí se den casos de "kikis" callejeros o en los portales de muchas viviendas del centro urbano, en las explanadas del muelle o en parques y jardines. Cada uno disfruta como puede...

El Carnaval es también una manifestación cultural del pueblo tinerfeño, un crisol de expresiones artísticas múltiples, procedentes de diferentes partes del mundo que, sin duda, enriquecen estas fiestas invernales, mucho más variadas y completas que los elegantes bailes de máscara de Venecia, que las carrozas y las escuelas de samba de Brasil o las no tan llamativas celebraciones de Düsseldorf.

La Isla en estas fechas es un compendio de diversos carnavales. Las murgas, con su humor y con su crítica ácida, son hijas de las chirigotas de Cádiz; el espíritu alegre de Río de Janeiro lo tenemos aquí expresado en el agradable y bullanguero ritmo y armonía de la comparsas; la música lírica, con arias de ópera y fragmentos de zarzuela a cargo de las rondallas y las agrupaciones musicales con destacadas puestas en escena de bailes y canciones de toda la vida.

A todo esto hay que añadir, además de la Gala donde se elige a la Reina del Carnaval, la masiva participación del pueblo isleño en dos explosiones de alegría, color y diversión, manifestadas en la Cabalgata del viernes, que precede al sábado más festivo del año, y en el Coso del martes siguientes, con decenas de miles de participantes del pueblo, sin distinción de clases, condiciones sociales, creencias o maneras de pensar de quienes habitan este Archipiélago.

Destacar, por último, el carácter pacífico del Carnaval (con incidentes de violencia muy aislados), que demuestra el civismo y el saber estar de nuestras gentes. Es rarísimo que se produzcan agresiones e intentos de homicidio en la capital tinerfeña estos días, algo de lo que no pueden presumir en otros lugares, porque aquí se evita a toda costa que la sangre llegue al río. Y existe un pacto asumido por la población en el que se deben evitar discusiones y peleas callejeras.

Imagen: carnavaldetenerife.com | CEDIDA

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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