Desde La Mesa Mota

En la mayoría de los cuerpos policiales y de seguridad de los distintos países suele haber seres realmente despreciables, que pululan por las alcantarillas de las estructura del Estado | Imagen: eldiario.es

30.09.2018. Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

En la mayoría de los cuerpos policiales y de seguridad de los distintos países suele haber seres realmente despreciables, que pululan por las alcantarillas de las estructura del Estado , auténticos tipejos y seres despreciables, que manejan importantes secretos y que chantajean y extorsionan a políticos y otras gentes de mal vivir. 

Una de esas ovejas negras, actualmente en prisión sin fianza, es el conocido comisario cordobés (El Carpio, 3 de agosto de 1951), implicado en diversas operaciones de dudosa legalidad, acusado además de revelación de secretos oficiales y de pertenencia a organización criminal. 

Este comisario, de brillante carrera inicial, estuvo durante los años setenta en el País Vasco, donde formó parte de grupos antiterroristas y participó en numerosas acciones contra ETA, pero su prestigio cayó en picado desde que pidió una excedencia y se convirtió en empresario, dedicándose especialmente a la investigación privada por encargo, llegando a controlar casi un centenar de sociedades, con un capital aproximado de dieciséis millones de euros. 

Este oscuro personajillo ha querido comprometer con supuestas pruebas y grabaciones hasta al rey emérito, Juan Carlos de Borbón y a ministros del actual Gobierno Sánchez, como la titular de Justicia, de quien ha dicho que llamó maricón a su compañero Marlaska, encargado del departamento de Interior. 

Villarejo es un tipejo de mucho cuidado, que según fuentes gubernamental fue capaz incluso de montar un prostíbulo de lujo e invitar a diversas personalidades y personajes políticos de nuestro país, con el fin de extorsionarlos con posterioridad. 

Que un tiparrajo como este pretenda ahora desestabilizar aún más al actual Gobierno de España no tiene nombre, por muy poderoso que sea este funcionario policial jubilado, acostumbrado a tratar con gentuza y con gentualla de la peor calaña. Hasta ahí podíamos llegar. 

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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