Desde La Mesa Mota

Salvador, que ya tiene 81 años, que es hijo de un conocido comerciante (don Enrique), que tenía una tienda de ultramarinos en la calle de la Carrera (Imagen: www.gran-canaria.traveltopper.eu)

03.03.2018. Redacción / Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

Me ha emocionado un comentario que he leído en Facebook de un conocido mío, Salvador de Armas, un lagunero que un día se fue a Alemania, donde reside actualmente, a dar clases de español. Salvador, que ya tiene 81 años, que es hijo de un conocido comerciante (don Enrique), que tenía una tienda de ultramarinos en la calle de la Carrera, ha escrito estas palabras. Merece la pena que las lean, para que comprendan el sentimiento isleño de un canario que lleva años lejos del Archipiélago. Salvador escribió:

"Ayer salí, como siempre, a coger el correo. Nuestro buzón está junto a la puerta del jardin. No habia nada. Ni cartas de amor (ya me cayera esa breva...), ni facturas, ni publicidad comercial... Por fuera sí que había algo colgado de la manopla. Era una de esas bolsas de regalo, elegante, de color morapio, en las que suelen meterse botellas de vino.

¿Quién me regala un vino sin tocar el timbre? Descolgué la bolsa. Pero no era vino. Era... ¡medio kilo de gofio! Gofio de trigo. Canarión, por más señas: "La Pina", 500 gramos. Había una pequena tarjeta con un nombre. El nombre de un antiguo alumno de español a quien no haba visto desde hacía más de diez años. Un alemán que aprendió castellano en mis clases. En Idar-Oberstein. He dado clases de espanol desde hace treinta anos. Pero a mis 81 años lo he dejado.

Cogí el teléfono para agradecer la atención después de tantos años. El contestador automático recogió mi mensaje. Acabo de probarlo. Medio litro de leche bién caliente, un poco de azúcar, un libro y el silencio de mi cuarto...

Cada vez que dejo caer en la leche ese polvo mágico, asciende un olor que activa mis neuronas. Me traen el terruno a la memoria... Hablamos demasiado en feibú sobre la felicidad... Pero la felicidad es un espejismo, solo un deseo... Lo que sí existe son momentos, instantes, quizás minutos en los que gozamos, vivimos de verdad, en los que agradecemos (¿a quién? ) el hecho de estar VIVOS. Ese olorcillo que sube desde la taza humeante... Ese olorcillo de gofio que sale de ella como si fuera el Aladino de la lámpara, dispuesto a hacernos felices... "Sascha" estaba a mi lado durante la manducopia....y decidí compartir con él lo que a mí me estaba haciendo tan feliz... "Sascha", que es un franchute (sí,sí,nació en Francia), se comió en un santiamén lo que le puse en una hondilla... Felicidad a dos !

[ Nota:"Sascha" debe ser una mascota de Salvador]

"Escrito en Idar-Oberstein,viernes 2 de marzo 2018."

No me digan ustedes, amables lectores, que no les han emocionado estas letras. A mí, desde luego, se me han puesto los pelos de punta. Momentos de felicidad y de añoranza isleña. ¡Qué bonito relato!

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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