Al Golpito

En el planeta tierra hay más de siete mil millones de personas y sólo ocho empresarios que acumulan la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial.

20.11.2017. Redacción / Opinión.

Por: Rafael J. Lutzardo Hernández

Todo lo que hay en el mundo no es malo. También hay personas que luchan por contribuir por un mundo mejor y más igualitario. Sin duda, la riqueza y la pobreza no van de mano entre sí. Es por ello, que en el planeta tierra hay más de siete mil millones de personas y sólo ocho empresarios que acumulan la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial. Es decir, ocho hombres frente a 3.600 millones de personas. Es lo que denuncia Intermón-Oxfam; en el mundo y en España son sólo tres personas; el fundador del grupo Inditex, Amancio Ortega, su hija Sandra y Juan Roig, el fundador y propietario de Mercadona, los cuales acumulan la misma riqueza que el 30% más pobre.

Hay quien piensa que las personas caen en la pobreza por culpa de sus malas decisiones. Posiblemente eso pudiera ser cierto en algunos casos, especialmente en aquellas personas que se entregan a los vicios como la bebida, drogas o juegos del azar, motive perder todos sus recursos. Sin embargo, no todos los pobres se encuentran en la miseria por haber actuado con poco juicio. Multitud de trabajadores han perdido sus respectivos empleos debido a cambios en las industrias. Muchas personas han visto como sus ahorros de toda la vida se esfumaban por gastos médicos cada vez más elevados. La mayoría de los cientos de millones de pobres que viven en países en desarrollo no están en la miseria por que se lo hayan buscado. Con frecuencia, la pobreza se debe a factores que se escapan al control de sus víctimas.

Hay que recordar que, a principio de la década de 1930, el mundo se hallaba inmerso en una crisis económica que llegó a conocerse como la gran Depresión. Todo ello motivó que en algunos países, en concreto en uno, millones de personas perdieron sus empleos, y cientos de miles de familias, sus casas. Pero mientras muchas personas pasaban hambre; los ganaderos vertían enormes cantidades de leche en las cunetas, y las autoridades obligaban a los granjeros a sacrificar millones de animales.

¿Por qué desperdiciaban así el alimento, especialmente cuando muchas personas no tenían que comer? Los principios económicos dictaban que la venta de estos y otros productos básicos debían producir beneficios. Cuando eso no era posible, comestibles tan necesarios para los pobres como leche, carne y cereales perdían su valor comercial, y había que deshacerse de ellos. La falta de alimentos motivó disturbios en gran número de ciudades. Hubo quienes, incapaces de comprar comida para sus familias, conseguían lo que necesitaban a punta de pistolas. Otros, sencillamente pasaban hambre.

¿Dónde sucedió? Todo esto sucedió nada menos que en Estados Unidos, donde durante los primeros años de la Gran Depresión, el poderoso sistema económico de esta nación les falló a los más protegidos. Ganar dinero era lo primordial; satisfacer la necesidad de alimento, techo y trabajo de los ciudadanos era tan solo una cuestión secundaria. Una vez pasado toda esta gran crisis económica, la economía mundial se recuperó y en la actualidad parece haber más riqueza y estabilidad que nunca antes. Pese a todo ello, en este comienzo de siglo XXI, en medio de tanta abundancia, los pobres siguen siendo más pobres y los ricos más ricos.

Muchos son los informes y las protestas que se viene haciendo contra el hambre en el mundo, pero al final todo sigue igual. Las guerras provocan hambre, muertes y miserias, pero se benefician en fabricar y venden armamentos; los políticos dejan que los alimentos se pudran en almacenes y las fuerzas del mercado encarece tanto los artículos básicos que los pobres no lo pueden adquirir. Sin duda, a la economía mundial, especialmente Occidente, no le preocupan los millones de personas del Tercer Mundo que mueren por hambre y por falta de medicinas.

En realidad, ningún sistema económico humano ha satisfecho debidamente las necesidades de todas las personas en el mundo. Por lo tanto, los millones de personas que viven actualmente en la miseria tienen pocas oportunidades de salir de ese pozo que les condena a una vida sin futuro. Así y todo, muchos pobres han sabido vivir con el dolor y sufrimiento de la escasez. También, y como seres humanos que son, han aprendido a soñar con un futuro mejor. Así pues, y observando como está dividido el mundo de los seres vivos, el pobre no tiene honor en la mesa del rico.

 

 

Rafael J. Lutzardo Hernández

Rafael J. Lutzardo Hernández

Periodista y escritor. Actualmente colabora como columnista y realiza reportaje de sociedad en El Diario de Avisos.

Autor de numerosos prólogos de libros y programas de fiestas populares de nuestra tierra. Autor del libro "Vamos de Guachinches y otras casas de comidas"

Sígueme: