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El proceso de globalización.

Rafael J. Lutzardo Hernández   13-11-2017   20:11:18   Tagoror Digital

El llamado proceso de globalización ha ido extendiendo este sistema a la mayoría de países, con algunas excepciones de carácter más bien residual.

13.11.2017. Redacción / Opinión.

Por: Rafael J. Lutzardo Hernández


Seguramente pretender una descripción del mundo en el que vivimos sea caer en una simplificación, ya que si algo caracteriza este «mundo» es la diversidad de culturas y mentalidades. Con todo, sin embargo, son pocos quienes ponen en duda el final de la historia y el triunfo absoluto del sistema económico capitalista en el ámbito global.

El llamado proceso de globalización ha ido extendiendo este sistema a la mayoría de países, con algunas excepciones de carácter más bien residual. Ya no le quedan  opositores con suficiente fuerza para hacerle sombra. A pesar de haber quedado herido como consecuencia de la última crisis económica, y a pesar de la multitud de críticas y alternativas parciales que han ido surgiendo, lo cierto es que no podemos aún hablar de una alternativa global al capitalismo consolidado.

 En lo que respecta a la cultura capitalista podemos describirla como: todo sistema económico realza determinados elementos que tienen traducción en otros campos como el social, el laboral y el familiar. En otras palabras, podríamos decir que todo sistema económico crea una cultura. Por esto es importante tomar conciencia de cuáles son los valores en los que se fundamenta nuestro sistema económico, y qué valores transmite en cuestiones tan significativas como persona.

Sin duda, un sistema capitalista neoliberal y global se traduce en una jerarquía de valores en que se apoya muchas de las esferas de nuestras vidas; (esferas a menudo muy alejadas de la economía). A pesar de que se pueda tener una vida disociada, normalmente lo que se vive en una esfera (a la que le dedica más tiempo real) acaba contagiando las otras. Éste es el caso, por ejemplo, de la familia o de las relaciones entre las personas que se han visto afectadas por la manera cómo se ha entendido el trabajo y las relaciones en el mundo laboral. Por tal motivo, y tal como está montado en la actualidad de este comienzo del siglo XXI, dos son los objetivos:

a) Neoliberal, porque pone el acento en el mercado plenamente libre, con un papel del Estado muy reducido y a costa de una pérdida de derechos sociales. 

b) Global, porque se caracteriza por un libre mercado global sin barreras comerciales ni financieras.

 Un sistema, unos valores:

a) El éxito vital, muy ligado al éxito económico. Una manera de entender el éxito con un componente materialista, que está estrechamente ligado a la posesión de bienes y de títulos. Son estos bienes materiales los que posibilitan disponer de otros bienes más intangibles, como un cierto estatus, una cierta identidad o una determinada pertenencia a un grupo social.

b) La propiedad privada como valor nuclear del sistema, ya desde sus inicios. Los bienes de uso y los medios de producción (tierras, industria...) son privados y la mejor manera de generar riqueza consiste en mantener este tipo de propiedad. Cada vez se tiende a privatizar más cosas pensando que así se arreglarán determinadas «disfuncionalidades» que impiden un funcionamiento óptimo. Todo lo que es comunal o colectivo, dentro de este sistema, no recibe ninguna consideración.

c) El individualismo contra el comunitarismo. Es el individuo, él solo, quien tiene que ganarse un lugar en la sociedad. Se pone el acento en la persona y más en sus derechos ante los demás y ante la sociedad que en los deberes, y es papel del Estado garantizarlos y ser su protector. En la esfera económica prevalece la competitividad por encima de la cooperación, y si ésta se da, es sólo para reforzar la competitividad (de mi empresa, de mis ideas… contra otra empresa, contra sus ideas). Desde el sistema educativo se refuerzan estos valores, aunque a veces se justifican o se disfrazan apelando a palabras tales como personalización, creatividad o iniciativa, palabras que en teoría tendrían que incluir la dimensión social y cooperativa.

d) Otro valor bastante nuclear en el sistema económico imperante es la búsqueda del máximo beneficio. Para lograrlo se sacrifican valores asociados a derechos laborales, políticos o medioambientales, a valores que afectan incluso los derechos humanos... Por el máximo beneficio, que favorece a unos pocos, no se duda en sacrificar lo que haga falta, siempre en nombre del progreso.

e) También el valor de la utilidad, entendida en el sentido económico: atender la funcionalidad de los medios sin preguntarse nunca por los fines. Un utilitarismo muy ligado a la eficacia y a la eficiencia, valores en sí mismos positivos, pero en nombre de los cuales se sacrifican y justifican muchos otros. 

f) Un valor que también se prioriza es la cantidad por encima de la calidad. El capitalismo actual ha extendido la sociedad del consumo, poniendo en el mercado multitud de productos con el objetivo de favorecer un consumo continuado, ya que éste es el principal combustible del sistema productivo capitalista. Muchos de estos productos son de dudosa calidad, están destinados a durar poco y a ser sustituidos pronto por otros con más prestaciones. Todo este sistema demanda un consumo excesivo de energía, malbarata los recursos naturales y genera muchos residuos.

g) El sistema ha ido priorizando cada vez más el corto plazo por encima del largo. Solo se piensa en los beneficios a corto plazo, sacrificando la sostenibilidad de la producción y el deterioro del medio ambiente. Somos muy poco conscientes de las consecuencias que tienen las acciones del presente (tanto para las próximas generaciones como para el medio ambiente) y no son muy tenidas en cuenta a la hora de planificar la actividad económica.

Capitalismos y posmodernidad forman un binomio en el mundo occidental entre valores liberales más políticos, ligados a la modernidad: los derechos de la persona, la democracia, el diálogo, la libertad (frente a la tiranía). En otras palabras, los valores más sociales y culturales han interaccionado con los valores más económicos, saliendo los primeros bastante malparados. La democracia que garantizaban los estados-nación clásicos ha quedado herida de muerte por unos mercados globales no regulados por nadie.

 

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Rafael J. Lutzardo Hernández

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Periodista y escritor. Actualmente colabora como columnista y realiza reportaje de sociedad en El Diario de Avisos.

Autor de numerosos prólogos de libros y programas de fiestas populares de nuestra tierra. Autor del libro "Vamos de Guachinches y otras casas de comidas"

     

     

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