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El Silbo Gomero: la voz que debemos legar al futuro

Este 30 de septiembre se cumplieron diecisiete años desde que el Silbo Gomero fue inscrito por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Aquel reconocimiento de 2009 situó ante el mundo una de las expresiones más singulares de nuestra identidad

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Redacción Tagoror Digital · 3 min de lectura
El Silbo Gomero: la voz que debemos legar al futuro
Casimiro Curbelo, presidente del Cabildo de La Gomera y portavoz de ASG en el Parlamento de Canarias | CEDIDA

04.10.2026 | Redacción | Opinión

Por: Casimiro Curbelo

Presidente del Cabildo de La Gomera y portavoz de ASG en el Parlamento de Canarias

Este 30 de septiembre se cumplieron diecisiete años desde que el Silbo Gomero fue inscrito por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Aquel reconocimiento de 2009 situó ante el mundo una de las expresiones más singulares de nuestra identidad. Pero, sobre todo, nos hizo asumir una responsabilidad que sigue plenamente vigente: conservarlo, enseñarlo, estudiarlo y transmitirlo.

El Silbo no es una pieza de museo ni un recuerdo detenido en el tiempo. Es patrimonio porque está vivo. Porque durante generaciones permitió a los gomeros y gomeras superar las distancias impuestas por barrancos, laderas y montañas, convirtiendo nuestra geografía en el origen de una extraordinaria forma de comunicación. Allí donde el territorio dificultaba el encuentro, surgió un lenguaje capaz de acercar a las personas.

Por eso, al celebrar este aniversario, debemos mirar al pasado con gratitud, pero también al futuro con determinación. Nada de lo alcanzado habría sido posible sin quienes aprendieron el Silbo de sus mayores y lo siguieron utilizando y transmitiendo. Silbadores como Lino Rodríguez e Isidro Ortiz simbolizan esa cadena humana de conocimiento que permitió que este legado llegara hasta nosotros.

Hoy esa cadena continúa en nuestros centros educativos, en la comunidad portadora, en la Asociación Cultural Silbo Gomero, en nuestros docentes y monitores, en las universidades y, especialmente, en cada niño y cada joven que aprende a silbar. Ese es uno de nuestros mayores retos: que las nuevas generaciones no perciban el Silbo únicamente como un contenido escolar, sino como una parte propia de su identidad y de la historia de la isla.

También debemos aprovechar las herramientas de nuestro tiempo. La investigación científica, la conservación de archivos sonoros y audiovisuales, la digitalización de testimonios y la creación de nuevos recursos educativos pueden convertirse en grandes aliados de la tradición. Preservar no significa inmovilizar. Significa disponer de mejores instrumentos para garantizar la continuidad de aquello que hemos recibido.

La cooperación es igualmente esencial. Instituciones, universidades, asociaciones, investigadores y comunidad portadora debemos avanzar en una misma dirección. Y esa colaboración puede extenderse más allá de Canarias. El encuentro con comunidades de otros territorios que conservan lenguajes silbados, como Kuşköy, en Türkiye, demuestra que una expresión nacida para vencer las distancias puede hoy tender puentes entre culturas.

Ese debe ser nuestro compromiso en este decimoséptimo aniversario: conseguir que el Silbo siga escuchándose en nuestros barrancos, nuestros pueblos, nuestros colegios y entre nuestros jóvenes; que continúe siendo investigado, documentado y conocido en el mundo sin perder nunca su autenticidad.

La declaración de la UNESCO no fue un punto de llegada. Fue el comienzo de una responsabilidad compartida. Nuestra generación estará a la altura de ese legado si somos capaces de entregarlo vivo a quienes vengan después.

Porque mientras exista un pueblo que lo enseñe, lo practique y lo transmita, el Silbo Gomero seguirá siendo, por encima de cualquier reconocimiento, un patrimonio de todos.