Opinión

Después de superar, momentáneamente, la pandemia de la COVID-19, se está volviendo a la normalidad, no aquella, que publicitariamente nos vendía el Gobierno de España que, por cierto, nunca ha existido, sino a la de siempre

 

18.10.2021 | Redacción | Opinión

Por: Óscar Izquierdo

Presidente de FEPECO

Después de superar, momentáneamente, la pandemia de la COVID-19, se está volviendo a la normalidad, no aquella, que publicitariamente nos vendía el Gobierno de España que, por cierto, nunca ha existido, sino a la de siempre. Eso significa retomar el trabajo de forma presencial, para hacerlo más eficaz, cercano, productivo. La iniciativa privada, tanto los empresarios como los trabajadores, han dado la cara con valentía, asumiendo la necesidad de volver al tajo, para reconstruir nuestra tierra. Se han tomado todas las medidas de prevención y salud laboral, así como, la aplicación de todos los protocolos existentes, para minimizar el riesgo al máximo. Vigilando todos los procedimientos de trabajo, con minuciosidad, para evitar cualquier tipo de contagio. Pero en la Administración Pública, hay algunos sindicatos y determinados empleados públicos, que no quieren volver a su mesa de trabajo, ni a la atención presencial de los ciudadanos o empresarios, prefiriendo la comodidad del sofá de su hogar. Parece ilógico que, desde casa, sentado y delante de un ordenador, se quiera seguir indefinidamente, como si estuviéramos en la época dura del confinamiento. Desde luego, no es lo más conveniente en estos momentos, porque entre todos, tenemos la obligación de apuntalar la economía, de tal manera, que consigamos crear actividad suficiente y el empleo necesario, para vivir con un mínimo de calidad o bienestar social suficiente. Se requiere esfuerzo, presencia activa y atendimiento personalizado.

Las generalizaciones, siempre llevan grandes dosis de error, porque todas las personas no somos idénticas. Por eso, no se puede decir, que todos los funcionarios sean iguales, los hay, como en cualquier actividad, muy profesionales, pero también, abundan los cachanchanes. No es de recibo, que durante el tiempo que llevamos de pandemia, haya empleados públicos, que hace más de año y medio, que no aparecen físicamente por sus puestos de trabajo, mientras otros, llevan desde el primer momento, en la vanguardia, incluso exponiendo sus vidas, para ayudar a los demás. Hay una evidente discriminación, entre los que, si han dado el callo, a los cuales hay que agradecérselos de corazón y los desaparecidos en combate, resguardados en sus casas. Parece que estos últimos, donde único tienen miedo de contagiarse es en su despacho, mesa o lugar de trabajo, porque después, para ir al supermercado, al gimnasio, de compras, hacer deporte, tomar un café con los amigos o salir para cualquier otra gestión, no les preocupa su seguridad sanitaria. Como nuestra tierra es chiquita y para lo bueno o lo malo, todo se llega a saber, seguro que cualquier persona, tiene algún conocido, empleado público, que no quiere reintegrase a sus labores profesionales de forma presencial y mantener ese estatus privilegiado, cómodo y gandul, que otros compañeros no se lo pueden permitir y es incomprensible en el mundo empresarial privado.

Los sindicatos hablan de que hay que hacer posible la reconciliación familiar, como excusa para seguir teletrabajando. Claro que es necesario, pero no sólo en la administración o mejor dicho, en una parte de ella exclusivamente, sino en toda actividad laboral, la privada también y lo estamos haciendo, a la vez que cumpliendo con nuestras obligaciones labores. Hay evidente malestar en la función pública, entre los empleados públicos, cumplidores, sensatos, conscientes, consecuentes y juiciosos, que van a trabajar presencialmente y ven con rabia contenida, como muchos compañeros, se han acostumbrado a la digitalización, que es, en muchos casos, una excusa perfecta para no dar pie con bola. Los empresarios, mientras tanto, seguimos, con paciencia santa, esperando que salgan adelante los expedientes o licencias, que se ven obstaculizadas por ese teletrabajo, que no tiene medición de productividad alguna. Ya es hora, que los funcionarios de sofá se dejen de subterfugios y vuelvan a sus puestos de trabajo, para arrimar el hombro, como los demás.

Imagen de archivo: Óscar Izquierdo, presidente de FEPECO