Opinión

Tras la muerte del dictador Francisco Franco y en pleno período de Transición se sucedieron en esta Isla tres importantes huelgas de trabajadores, disconformes con sus escasos salarios y por las condiciones laborales que soportaban

17.04.2020 | Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

La década de los años setenta fue muy convulsa en toda España y también en Tenerife. Tras la muerte del dictador Francisco Franco y en pleno período de Transición se sucedieron en esta Isla tres importantes huelgas de trabajadores, disconformes con sus escasos salarios y por las condiciones laborales que soportaban.

Uno de los mayores agitadores de esos paros ilegales fue el profesor de la Universidad de La Laguna, que impartía Historia Moderna en la Facultad de Filosofía y Letras, llamado Oswaldo Brito, que años más tarde se dedicó a la política y fue un destacado parlamentario. En la actualidad está completamente alejado de dicha actividad y se dedica sus asuntos.

Brito González fue el que lideró la huelga salvaje de las guaguas rojas, los de la compañía "Transportes de Tenerife", cuyo principal propietaria era la familia Oramas Tolosa con cabeza visible en Leoncio, tío de la actual diputada de CC, Ana María Oramas, fallecido en los años ochenta.

Esa huelga tuvo lugar en 1976 y recuerdo que las escasas guaguas que circulaban por las carreteras tinerfeñas iban conducidas por soldados del Ejército español, protegidos por guardias civiles cargados con metralletas. Andaba uno por entonces trabajando como redactor de Deportes del "Diario de Avisos" y estudiando en la ULL segundo de carrera de Geografía e Historia.

Los alumnos que no vivíamos por entonces en La Laguna, ni disponíamos de coche propio, durante las semanas de huelga nos las tuvimos que ingeniar para ir a las clases, la mayoría de las veces haciendo auto-stop o con un poco de suerte, encontrando un hueco en un pasillo de una de las guaguas militarizadas y atestadas de viajeros, porque la ruta entre la capital y la ciudad universitaria estaba cubierta con muy pocas unidades.

Aquel conflicto terminó felizmente, con la creación de la nueva compañía "Titsa", de capital público, por lo que se consiguió la estabilidad en el empleo de la plantilla, así como importantes mejoras en las condiciones de trabajo.

Por aquellos años hubo también una importante huelga de los estibadores del Puerto de Santa Cruz, en la que también medió Oswaldo Brito como dirigente sindical del SOC, que tenía su sede en La Cuesta de Arguijón. Tras muchas semanas de mucha tensión también hubo un final feliz, gracias a la comprensión de algunas autoridades estatales y locales, entre ellas el entonces gobernador civil de la provincia, Jesús Javier Rebollo Álvarez-Amandi, un hombre irascible y de extraño carácter, que no dejó precisamente un buen recuerdo en Tenerife. La isla, afortunadamente, no quedó desabastecida de alimentos.

Hubo otro paro laboral destacable en noviembre de 1976, cuando la mayoría de los trabajadores de "Diario de Avisos" iniciaron una huelga sin previo aviso, por no haberle renovado un contrato temporal a uno de sus redactores. El periódico, de origen palmero, había empezado a editarse en mayo de ese año y, al cumplirse los seis primeros meses de su prometedora etapa, casi todos los miembros de la Redacción secundamos la huelga, excepto el director, Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca, y el entonces jefe de Deportes, Andrés Chaves, que consiguieron sacar la edición de ese día,. con la inestimable colaboración de algunos esquiroles que se presentaron en el periódico esa misma tarde para reventar la huelga.

El Diario estuvo unas semanas saliendo a la calle con un reducido número de páginas, y cuando se celebró un juicio en la Casa Sindical, la empresa ofreció la readmisión de algunos periodistas. Manuel Iglesia aceptó la oferta, mientras que quien esto escribe la rechazó, a pesar de mi juventud (tenía dieciocho años de edad) preferí irme al paro, hasta que conseguí volver unos meses después al periódico "La Tarde", donde permanecí hasta el año 1980, cuando me llamaron de "El Día" para trabajar en la Editorial "Leoncio Rodríguez".

Los huelguistas del DA, a quienes se nos acusó de pertenecer al Partido Comunista (nada más lejos de la realidad) redactábamos un comunicado diario en la sede de la Asociación de la Prensa, escritos que publicaban todos los medios informativos. Algunos de los que secundamos aquella huelga salvaje dejaron el Periodismo y se dedicaron a la docencia, como fueron los casos de Plácido Bazo o Javier Trujillo Carreño, mientras otros compañeros peninsulares regresaron a la España continental, en vista del panorama laboral que había en las Islas, casos de Carlos Bernal, que se fue al ABC de Sevilla, o el redactor jefe nuestro, Chus Latorre, que partió para Madrid.

La segunda mitad de la década de los setenta fue muy agitada en Tenerife, con numerosas algaradas callejeras, protestas estudiantiles numerosas, interminables intervenciones de policía nacionales antidisturbios, con una mayoría de la población deseosa de acabar con los restos del régimen franquista, ansiosas de un régimen de libertades, pero con un futuro muy incierto, hasta la llegada de Adolfo Suárez al poder, en 1977, y aún así.

Entre los sucesos más tristes y lamentables del quinquenio 1975-79 cabe recordar la muerte de Bartolomé García Lorenzo, a quien las fuerzas de seguridad del Estado confundieron con "El Rubio", el presunto asesino del industrial tabaquero grancanario Eufemiano Fuentes; y el asesinato del estudiante Javier Quesada. que falleció en la escalinata del antiguo Rectorado de la ULL, a manos de un guardia civil que no supo controlar la tensión y le disparó con su arma reglamentaria, hiriéndole mortalmente.

Imagen de archivo: Guagua de Titsa en los años 70