Inteligencia humana

22.06.2026 | Redacción | Opinión

Por: Óscar Izquierdo Gutiérrez

Politólogo

Vivimos en un mundo digital, robotizado, envuelto absolutamente en lo artificial, entendido como algo no natural o falso. Casi todo es sospechoso de la incertidumbre de su verdad o mejor explicitado, parece que estamos anclados en lo abstracto, entendido como oposición a lo real. Nada es verdad a no ser la de cada cual, que se defiende únicamente desde el ámbito de las ideas, con predominancia de un fundamentalismo implacable, incapaz de absorber lo que otro o los demás plantean como solución a cualquier circunstancia vivencial. Aquí va bien apuntar la frase de Jules Renard, escritor y dramaturgo francés, cuando manifestó que “di de vez en cuando la verdad para que te crean cuando mientes”. Por eso hay que estar ojo avizor, es decir, atento para asumir el papel de vigilante acérrimo, para no dejarse llevar por modas pasajeras e influencias perversamente sugestivas. Es lo que podríamos denominar como tener personalidad, que en canario se traduce en ser una persona con fundamento.

Está de máxima actualidad todo lo relacionado con la inteligencia artificial, se habla y escribe por activa y pasiva sobre la misma, sus consecuencias, efectos positivos o negativos y aunque parezca redundante hay que manifestarlo también, sobre sus ventajas e inconvenientes, que parecen términos sinónimos, pero tienen sus diferencias de significado lingüístico muy sutiles a tener en cuenta. El futuro es suyo según los agoreros del globalismo vacío de pensamiento concreto. El devenir nos dirá lo que sucederá, asumiendo desde luego el progreso en general como imparable, yendo en la dirección precisa o equivocada según lo asumamos, implementándolo con la corrección y prudencias oportunas o aplicándolo con la desfachatez de la improvisación tan característica de los integristas, fanáticos, extremistas o dogmáticos.

Yo me quedo con la Inteligencia Humana, IH, que tenemos las personas por el mismo hecho de ser en si mismas, es decir, con esa capacidad de entender o comprender, para resolver dudas, asuntos y dilemas que se nos presentan diariamente a todas horas, unos más graves, otros leves, pero todos a resolver. Generalmente son cuestiones dispares según se exteriorizan en cada momento, pero con la obligatoriedad que se asume siempre con la responsabilidad de solventar con habilidad, destreza y experiencia. Hay muchas palabras que significan estados anímicos que tenemos que afrontar, como inseguridad, inquietud, desasosiego, duda, indecisión, vacilación, recelo, sospecha, ahí entra plenamente a personarse y nunca mejor expresada esta denominación, la Inteligencia Humana, IH, donde derrama copiosamente su magnitud de beneficencia decisoria. 

Es creadora de oportunidades, en muchos casos inimaginables, que incluso desconocíamos como capacidades personales. También nos suma experiencias, que son enseñanzas aprendidas a base de errar o acertar. Nos examina constantemente en nuestro obrar, para saber si nuestro pensar o comportamiento es moral o sólo quimérico. Lo ordinario le interesa tanto como lo extraordinario, entre otras cosas porque lo corriente es lo más usual que nos sucede. Deliberar, como el acto grandioso de reflexionar detenidamente sobre algo antes de emitir un juicio o tomar una decisión, es quizás la plasmación más evidente de la libertad que nos incorpora esta Inteligencia Humana, IH, que llevamos impresa inevitablemente por el hecho de ser individuo pensante.

Como seres humanos estamos impregnados de emociones, mucha intuición, la suma de valores que aprendemos desde la más tierna infancia, primero en la familia, después en las distintas etapas educacionales y por fin en el mercado de trabajo, que nos ayudan a tomar resoluciones fiables, simultáneamente con esa capacidad de la imaginación donde somos creadores de todo tipo de aventuras, cada cual más arriesgada y prometedora. 

La Inteligencia Humana, IH es una condición existencial, diríamos que ética, que nos abre el camino al pensamiento crítico y a ser analíticos, como estudiosos de lo que nos rodea para convivir lo mejor posible, entre nosotros mortales, porque nunca hay que olvidar esta cualidad final e interactuar con el medio ambiente que nos engloba, porque la persona se eleva o dignifica por el razonamiento honesto y eficiente.

 

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