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La actual emigración isleña..

Paco Pérez   17-03-2017   13:03:18   Tagoror Digital

Aquellas migraciones, como las actuales, se efectuaban por pura necesidad, en busca de trabajo y de un sustento para vivir.

17.03.2017. Redacción.

A diferencia de lo que ocurrió en siglos pasados, con las fundaciones de ciudades importantes como San Antonio de Texas o Montevideo, que tuvieron a ciudadanos canarios como protagonistas, durante los primeros cuarenta años del siglo XX y aún antes, el éxodo de mano de obra isleña se dirigió a muchos países de habla hispana en América del Sur y el Caribe, preferentemente a Cuba; y tras la revolución castrista de finales de los cincuenta, la mayoría migratoria se redirigió a la república hermana de Venezuela, donde muchas familias de este lado del Atlántico se enraizaron e hicieron fortuna en una época dorada y otras regresaron cuando empezaron a ir más las cosas en la patria de Simón Bolívar.

Aquellas migraciones, como las actuales, se efectuaban por pura necesidad, en busca de trabajo y de un sustento para vivir. El éxodo fue destacado en los años de la posguerra, porque el Archipiélago, completamente aislado y con una economía muy primitiva y endeble (el turismo no era aún un fenómeno de masas) no podía --como ahora misma, aunque se trate de ocultar-- soportar una presión demográfica tan alta como imposible de mantener.

La explosión demográfica experimentada en las Islas tras la llegada de inmigrantes sudamericanos y de antiguos emigrantes a Venezuela, ha tenido también unas consecuencias fatales para la juventud canaria, y en los últimos cinco años hemos contabilizado, si no recuerdo mal, alrededor de ochenta mil jóvenes isleños que se han ido a buscar trabajo a diversos países del Europa y del resto del mundo.

No se trata, como en siglos pasados, de una mano de obra sin cualificar. Antes, al contrario, quienes hoy buscan un porvenir fuera de su propio país son personas muy preparadas, con estudios, que se han desesperado por no encontrar un trabajo decente y digno y han decidido irse fuera, por lo menos a aprender idiomas y probar suerte.

Tristemente, ya no se puede decir aquella frase, como cuando yo era un joven prometedor, que el que quiere trabajar, encuentra dónde trabajar, porque la realidad es muy distinta. Tan distinta que recientemente u n amigo mío que trabaja en labores de mantenimiento de un hotel de lujo en la Europa civilizada y que vino sólo tres días para acompañar a su madre antes e inmediatamente después de una intervención quirúrgica, me confesó estar desesperado por ir un rato a la playa, aquí en Tenerife, y coger algo de sol, porque en el norte de Bélgica, que es donde él trabaja en la actualidad, añora algo tan simple como sentir los rayos solares en su cuerpo.
Y nosotros, los isleños que disfrutamos por seguir viviendo en estas paradisíacas islas, sin valorar muchas veces lo que tenemos.

pacopego@hotmail.com

Paco Pérez

24

Periodista

 

 

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