Opinión

La nueva realidad territorial producida por las recientes coladas volcánicas de la isla de La Palma debe convertirse en una oportunidad para la modernización, mejora y racionalización ecológica de la explotación agropecuaria del Valle de Aridane

 

12.12.2021 | Redacción | Opinión

Por: Miguel Ángel Pulido

Director General de Coordinación y Apoyo a la Vicepresidencia

La nueva realidad territorial producida por las recientes coladas volcánicas de la isla de La Palma debe convertirse en una oportunidad para la modernización, mejora y racionalización ecológica de la explotación agropecuaria del Valle de Aridane.

El manto de lava creado por el volcán de Cumbre Vieja se conforma como un soporte territorial geológicamente homogéneo, con unas posibilidades de transformación para la agricultura, tan conocidas como experimentadas por los agricultores más especializados de La Palma, que ya convirtieron al Valle de Aridane, hace más de medio siglo, en un verdadero vergel, con un nuevo paisaje antropizado muy singular y de gran valor económico y cultural en la fajana que va desde Las Hoyas hasta el Remo y en la parte alta del cantil, sobre la colada del Volcán de San Juan, en la zona de Las Norias y Hoyo Verdugo.

Este nuevo malpaís lávico es un espacio árido e inerte que se debe configurar como la materia prima idónea para su transformación por el agricultor palmero. Pero para alcanzar ese objetivo se precisa contar con apoyos administrativos y económicos, que posibiliten la generación del necesario empuje y estímulo de una población dispuesta a implicarse en un proyecto agrícola innovador, racional, eficiente y ecológico.

Ello será posible a través de un sistema de cooperación en el que los propietarios aportan el suelo de cesión obligatoria y la administración ejecuta las obras de urbanización y concentración parcelaria comprendidos en la unidad de actuación, correspondiendo, en todo caso, a la administración General del Estado, tal como ocurrió en los años 60 y 70 del siglo pasado, establecer los préstamos sin interés y las ayudas económicas o subvenciones que se precisan para hacer económicamente viable la actuación.

La nueva sorriba que ahora se ha de plantear consiste en la rotura de ese malpaís mediante maquinaria pesada, incluso con el empleo de microexplosivos de disposición extensiva; ejecución de caminos necesarios para asegurar la accesibilidad y el transporte a las fincas, así como los muros de contención para abancalar las parcelas, utilizando la piedra volcánica roturada y la experimentada mano de obra de parederos locales; aportación de tierra vegetal procedente de los montes de la isla trasladada a los nuevos terrenos para su plantación; y la construcción de las infraestructuras de regadío -depósitos reguladores y redes de riego- y de fertilización.

La extracción de tierras en determinadas zonas de la isla habrá de vincularse al desarrollo, sobre esos suelos de actividad extractiva, de otros proyectos de naturaleza agrícola o ganadera, de industrias agroalimentarias, de implantación de equipamientos y dotaciones, o bien para la construcción de infraestructuras viarias que mejoren la accesibilidad y movilidad o para el establecimiento de infraestructuras hidrológicas planificadas.

Las intervenciones que habría que plantear habrán de ser de carácter unitario, en superficies que podrían estar entorno a las 100 Has sobre las coladas lávicas, que no sea preciso proteger, para conformar unidades funcionales y de gestión integral de explotaciones agrícolas y ganaderas, ecológicas, innovadoras, mecanizadas y saludables, con las instalaciones de empaquetado, transformación y administración, totalmente integradas.

La introducción de cultivos complementarios para diversificar la producción y la vinculación de la ganadería a la explotación agrícola ha de conformar un elemento conceptual básico en el proyecto, necesario para su consideración como explotación agrícola competitiva, ecológica y sostenible.

Asimismo, la instalación de energías renovables para abastecer a las explotaciones agrarias y la contribución a la soberanía alimentaria de la isla de La Palma han de constituir otro elemento y objetivo alcanzable en la formulación del proyecto, desarrollando en las zonas de medianías la producción hortofrutícola destinada a abastecer a la población local de alimentos adecuados, accesibles y obtenidos de manera ecológica, asegurando alimentos de calidad y de cercanía que contribuyan el crecimiento de la economía local.


 

 

Imagen de archivo: Miguel Ángel Pulido, Director General de Coordinación y Apoyo a la Vicepresidencia