Desde La Mesa Mota

Todos los años por estas fechas, desde una tradición que se remonta a 1919, los alumnos de las universidades, institutos y colegios canarios decretan ellos mismo una semana de vacaciones.

Todos los años por estas fechas, desde una tradición que se remonta a 1919, los alumnos de las universidades, institutos y colegios canarios decretan ellos mismo una semana de vacaciones, que empezó como una anécdota estudiantil y duraba solo el día en que se conmemora la festividad del santo. 

En el año citado fue trasladado al entonces único Instituto de Canarias, en La Laguna un catedrático llamado Diego Jiménez de Cisneros, quien tenía la costumbre de realizar un examen sorpresa el día de su santo y por ello impidió que sus alumnos pudieran ir a la romería en su honor, por lo que estos decidieron fugarse. 

La fuga, desde entonces, se lleva a cabo concretamente el 12 de noviembre de cada año, aunque las nuevas generaciones de estudiantes hayan convertido el hecho en una semana de descanso lectivo, como si fueran unas auténticas vacaciones. 

Los alumnos que se fugaron en 1919 llevaron a San Diego unas calabazas como ofrenda y, como una especie de superstición, tocaron y contaron los botones de la estatua del fundador del convento, Juan de Ayala, que aún se encuentra en la famosa ermita, en las afueras de La Laguna, al final del camino que lleva el nombre del santo. 

Aún hoy son centenares de estudiantes los que acuden cada 12 de noviembre a la Ermita de San Diego a tocar los botones de la estatua, como una especie de rito para aprobar todas las asignaturas al final del curso académico, aunque la gran mayoría de los alumnos no acuden a la tradicional cita y se toman la semana de descanso, sin más. 

Esta costumbre de "festejar" a San Diego ha sido la excusa perfecta para que los estudiantes ya se fugue una semana entera y no acudan a sus clases. Y la tradición lagunera se ha extendido a todas las Islas del Archipiélago, para no ser menos, aunque en los demás territorios insulares no exista un convento en honor al santo, ni una ermita, ni mucho menos un busto de don Juan de Ayala. 

Como decimos los laguneros profundos, "culo veo, culo quiero". Y eso. 

pacopego@hotmail.com

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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