Desde La Mesa Mota

Hay que decir alto y claro que estas gentes que dedican su tiempo a mimar a los enfermos, sin tener una vocación religiosa, son dignos de alabar

19.10.2018. Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

Ayer se celebró el día de apoyo y solidaridad con los enfermos de cáncer de mama, que, según las estadísticas afecta en España a una de cada ocho mujeres, aunque también lo pueden sufrir los hombres, en casos excepcionales, porque los machos también tenemos dos glándulas en el tórax de nuestro cuerpo.

Fue un día, también, de cuestación popular de la AECC (Asociación Española contra el Cáncer) y comprobé que en el centro de La Laguna había dos instaladas, una en la Plaza de la Concepción y otra en la de la Catedral, con varios voluntarios en cada una de ellas, y en numerosos puntos de la Isla, entre ellos en las entradas de muchos centros de salud.

A ellos, a los voluntarios, me quería referir hoy, porque el cáncer es una terrible y cruel enfermedad a la que se le está ganando la batalla poquito a poco, sobre todo si se detecta el mal a tiempo, aunque siguen siendo muchos los casos incurables, aún en la actualidad.

Las decenas de voluntarios que hay en esta Isla hacen una extraordinaria labor, totalmente desinteresada, en la que ayudan, animan, conversan, aconsejas y distraen a los pacientes ingresados en diferentes centros hospitalarios y a a los enfermos en cuidados paliativos, así como a las personas que acuden a esos lugares a someterse a duras sesiones de quimio y de radioterapia, con unos espantosos efectos secundarios, en algunos casos.

Hay que decir alto y claro que estas gentes que dedican su tiempo a mimar a los enfermos, sin tener una vocación religiosa, son dignos de alabar. Personas dadas, nada egoístas, que han sufrido en sus propias carnes o en las de algún familiar o amigo los efectos de esta terrible epidemia del siglo XXI, que se lleva por delante a miles de personas desde hace muchos años.

Tengo familiares que han sufrido duras sesiones de quimio y ahora mismo una amiga muy cercana estás sometiéndose a sesiones de radioterapia. Esta mujer, que ha sufrido un cáncer de mama, no tiene sino palabras de agradecimiento para el personal que la atiende en el HUC, su centro de referencia, sin olvidar nunca al benemérito personal voluntario de la Asociación, que se desvive siempre por hacerle más grata su estancia en el Universitario, ofreciéndole café, caramelos o galletas y conversando animadamente con ella.

Estas personas desinteresadas merecen nuestro mayor y más sincero reconocimiento, porque cuando un pierde parte de la salud necesita más que nadie la solidaridad de nuestros semejantes. Si les digo la verdad, como me comentó ayer tarde uno de lo voluntarios, a veces ellos pasan más tiempo con los pacientes ingresados, que los propios familiares del paciente hospitalizado. Con eso se los digo todo.

Ojalá que este mal sea erradicado, más pronto que tarde, de forma total y definitiva. En eso todos estaremos de acuerdo. 

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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