Desde La Mesa Mota

La calle delAgua nos conecta directamente con la plaza del Cristo, si bien su nombre oficial y original es el de Plaza de San Francisco, un importante espacio público y abierto, situado en la zona noreste de la ciudad.

13.10.2022 | Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

La calle del Agua nos conecta directamente con la plaza del Cristo, si bien su nombre oficial y original es el de Plaza de San Francisco, un importante espacio público y abierto, situado en la zona noreste de la ciudad. Antiguamente tenía una gran fuente central, inaugurada a principios de los años sesenta del pasado siglo y que, a su vez, reemplazó a un antiguo Templete, donde se exponía al crucificado lagunero para que su imagen pudiera ser contemplada​ por los fieles el día grande de sus fiestas, el día 14 de septiembre de cada año, luciendo su cruz de plata, y durante la anual Semana Santa, con cruz de madera. 

Desde hace más de una decena de años, en esta plaza se encuentra, de manera “provisional” el Mercado de abastos, que fue trasladado desde la plaza del Adelantado, ya que el inmueble que albergaba la popular Recova hubo de ser tirado abajo, por graves deficiencias encontradas en su estructura.

La plaza del Cristo tiene la categoría de “de Interés Insular”, dada por el Cabildo de Tenerife a finales de los noventa, junto a las plazas de la Patrona de Canarias (en el municipio de Candelaria) y la de España (en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife). ​

La plaza del Cristo marcaba, hasta hace pocos años, el límite entre la parte urbana de La Laguna y su zona agrícola que se extiende a sus espaldas, formando la famosa Vega lagunera.

En los alrededores de la actual plaza se encontraba antaño el histórico y desaparecido hospital de San Sebastián, que jugó un papel decisivo en la acogida y tratamiento de enfermos durante la epidemia de peste bubónica que se desató en la ciudad en 1582.

La Plaza de San Francisco se utilizó durante determinada época del régimen de Franco como campo de ejercicios militares de la guarnición del cuartel de Artillería ubicado desde principios del siglo XX en gran parte del solar del antiguo convento franciscano que dio nombre a esta plaza.

Este recinto es conocido popularmente como la plaza del Cristo, pues no cabe duda de lo que le da más importancia es la presencia en una de sus esquinas del Real Santuario del Cristo de La Laguna, imagen que despierta gran devoción entre los laguneros y, en general, entre todos los isleños.

En los últimos años (en 1964, 1997, 2009 y 2018) aquí se han celebrado, al aire libre, las grandes misas de despedida de la imagen de la Virgen de Candelaria (Patrona de Canarias) en sus visitas a la ciudad. ​ Durante las mismas se realiza el encuentro con el Santísimo Cristo y se celebra una multitudinaria eucaristía en presencia de ambas imágenes.

El Santísimo Cristo

En lo que concierne a la propia talla del Santísimo Cristo, se trata de una imagen católica de gran valor histórico, artístico, cultural y religioso que representa a Jesús Crucificado. Es la advocación de Cristo más venerada en las Islas y una de las imágenes religiosas más antiguas existentes en el archipiélago. De arte flamenco, es considerada como una imagen de elevado valor artístico de España y como uno de los grandes crucificados de toda Europa.

Hasta época reciente no se sabía con exactitud el origen de la venerada talla. Inicialmente se la creía de procedencia sevillana e incluso nórdica. También se llegó a atribuir al escultor sevillano Jorge Fernández Alemán,​ autor del retablo mayor de la Catedral de Sevilla y de la imagen de la Virgen del Pino de Teror (Gran Canaria), entre otras obras. Pero tras las investigaciones que en 1999 realizó el profesor de la Universidad de La Laguna Francisco Galante Gómez se ha podido saber que el Cristo de La Laguna es una talla de origen flamenco-brabanzón, de estilo gótico esculpida por Louis Van Der Vule a principios del siglo XVI (entre 1500 y 1514).

Se sabe que el Cristo llegó a la isla en 1520, ​ pero antes realizó un recorrido por varias ciudades europeas. En esta época los antiguos Países Bajos meridionales (lo que actualmente es Bélgica), mantenía importantes relaciones comerciales con el resto de Europa. La talla llegaría a Venecia, ciudad italiana que gozaba en aquella época de un gran esplendor comercial y económico. Con posterioridad sería llevada a Barcelona y de ahí a Sanlúcar de Barrameda, en Andalucía, en donde estuvo custodiado durante varios años en la Ermita de la Vera-Cruz, como propiedad de la hermandad homónima, hasta que fue enviado definitivamente a Tenerife.

No se sabe a ciencia cierta el motivo de su llegada, si bien se cree que llegó como consecuencia de su adquisición por el adelantado Alonso Fernández de Lugo, para presidir el Convento de San Miguel de las Victorias. Aunque también es probable que fuera un regalo que hizo Don Juan Alonso Pérez de Guzmán y Zúñiga, VI duque de Medina Sidonia al adelantado, debido a las buenas relaciones existentes entre el general Lugo y la casa de Medina Sidonia.


Destacan en la imagen los brazos y las piernas, que se encuentran totalmente extendidas en la cruz, por lo que el Cristo de La Laguna no representa el típico crucificado desmayado con todo el peso corporal sostenido en las rodillas. La cabellera de la imagen acaba en "rulos", y su cara es alargada con pómulos sobresalientes y nariz aguileña, todos estos elementos son características judías. Otra singularidad de la escultura es su arqueamiento, típico de las imágenes góticas.

Fue tanta la devoción que le profesó el pueblo canario a esta imagen de Cristo crucificado desde su llegada que ya en el año 1587, teniendo esto en cuenta el Padre Fray Bartolomé de Casanova como provincial de la Orden franciscana, realizó una solicitud al papa Sixto V para que la capilla mayor del Convento de San Miguel de las Victorias, donde se venera la milagrosa imagen, disfrutara de las mismas gracias e indulgencias concedidas a la Archibasílica de San Juan de Letrán (la catedral de Roma y sede oficial de los Papas) ​ privilegio que le concedió el pontífice, según consta en las bulas que trajo a Tenerife dicho provincial.

El Cristo se conserva en el Real Santuario, una iglesia de una sola nave, alta y estrecha, que fue restaurada hace pocos años. La imagen se encuentra colocada en una cruz de plata en el altar, estando también su retablo repujado en plata y en oro. La base de plata repujada con la que el Cristo procesiona fue donada en 1654 por el capitán Lázaro Rivero. La cruz, cubierta con chapa de plata toscamente labrada, es un regalo de don Francisco Bautista Pereira de Lugo, señor de las islas de La Gomera y El Hierro, en 1630; La cruz antigua que ha sido sustituida por ésta se guarda en el coro bajo del convento de las monjas claras.

Del mismo modo que sucedió con la Virgen de Candelaria, los emigrantes canarios llevaron la devoción del Cristo de La Laguna a diversas partes de América, sirviendo su imagen de inspiración para la elaboración de otros Cristos. Más recientemente, en 1977 familias canarias llevaron una imagen suya a la ciudad de Xalapa-Enríquez en el estado de Veracruz (México). Por otro lado también existe una réplica de la imagen en el Palacio del Pardo de Madrid.
En la isla de Tenerife existen gran cantidad de cuadros, óleos, pequeñas tallas y efigies del Cristo de La Laguna repartidos por toda la geografía insular. En la Parroquia Matriz de San Agustín de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, hay un lienzo de 1957 del Santísimo Cristo de La Laguna en la capilla de Nuestra Señora de los Dolores "la Genovesa" su autor es Enrique Sánchez. ​ En Lanzarote hay dos importantes lienzos del Cristo lagunero en la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de Guadalupe de Teguise y en la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios en Yaiza.

Ante la imagen del Cristo de La Laguna recibió la consagración episcopal el tinerfeño monseñor Domingo Pérez Cáceres el 21 de septiembre de 1947, ​ que se convirtió en el primer obispo nivariense que rigió su propia diócesis natal.

Junto al Real Santuario se encontraba hasta hace pocos años el cuartel del Regimiento de Artillería número 93, cuyos soldados, antes de partir para la guerra contra Marruecos, en el primer tercio del siglo XX, prometieron acompañar siempre al Cristo si todos sus efectivos volvían del frente de batalla sanos y salvos, lo que así milagrosamente ocurrió. De ahí la tradición por la que los artilleros laguneros custodian y protegen la imagen de Jesús crucificado en sus salidas puntuales, por las calles de la histórica ciudad.

Como fieles devotos de la venerada imagen, existe una organización secular, que es la Real Esclavitud del Cristo de La Laguna, compuesta por miles de miembros, organización que nunca admitió a personas del sexo femenino, a pesar de recientes reivindicaciones de mujeres creyentes para entrar en esta asociación religiosa. Las aspirantes a ser esclavas han conseguido que los tribunales de Justicia han dictado una sentencia a favor de sus aspiraciones, pero el problema sigue sin ser resuelto, aún hoy, por el Obispado.
 

Imagen: Paco Pérez | Facebook

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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