Desde La Mesa Mota

Siempre me ha llamado la atención lo relacionado con la duración de la vida humana y con cierta frecuencia me pregunto si la existencia terrenal de cada uno de nosotros tiene un destino predeterminado o es el resultado de un conjunto de casualidades

25.10.2018. Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

Siempre me ha llamado la atención todo lo relacionado con la duración de la vida humana y con cierta frecuencia me pregunto si la existencia terrenal de cada uno de nosotros tiene un destino predeterminado o es el resultado de un conjunto de casualidades arbitraria e inesperadas.

Cualquier persona con un par de dedos de frente habrá mostrado cierta curiosidad y asombro, a la vez, porqué seres perversos llegan a vivir noventa o más años, haciendo mal a todo hijo de vecino que se crucen por su camino y, sensu contrario, inocentes criaturas encantadoras se van de este mundo con seis o siete años, víctimas de una cruel leucemia o un tumor cerebral.

Algunas ciencias teológicas afirman que cuando nos traen a este planeta nos dan la opción de elegir la familia a la que vamos a pertenecer y otras creencias religiosas orientales afirman que, cada cierto tiempo, nuestros espíritus se reencarnan en otras personas hasta que se consigue la perfección y la felicidad es eterna en el Paraíso.

Sea como fuere, está claro que en esta vida hay muchas casualidades, buenas y malas, que realmente no sabemos si se deben a cuestiones aleatorias o si están marcadas por un destino ya previsto durante nuestra existencia terrenal.

Hay muchísimos ejemplos de lo que expongo: un accidente aéreo en el que mueren todos los ocupantes de un avión y una pareja se salva porque había un atasco de tráfico y no llegó a tiempo de facturar el equipaje para ese vuelo y se quedó en tierra... o un humilde trabajador, que solo tenía un euro en el bolsillo y de la noche a la mañana se convirtió en multimillonario porque se le ocurrió poner una lotería primitiva con aquel euro y acertó de pleno, ganando ochenta millones de euros. Un euro que valió millones, qué cosas.

Con ello quiero decir, y no les canso más, si todo estas casualidades son tales y, por tanto, tan arbitrarias como puntuales, o se debe a algo previsto por lo que llamamos "el destino". Si les confieso la verdad, no encuentro una respuesta correcta a esta verdadera incógnita... Procuren ser felices, amables lectores. Hasta una próxima ocasión.

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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