Desde La Mesa Mota

No es que sea un quejica, que también, pero está claro que unas personas tenemos una mayor sensibilidad a los dolores físicos que otras, un umbral del dolor diferente y distinto

09.10.2018. Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

Mis verdaderos amigos íntimos son mis continuos dolores físicos. No es que sea un quejica, que también, pero está claro que unas personas tenemos una mayor sensibilidad a los dolores físicos que otras, un umbral del dolor diferente y distinto.

Envidio sanamente a la gente que no tiene dolores o que los sufre muy de vez en cuando, de uvas a peras, aunque también existen dolores del alma, causados por disgustos y por desgracias, que son más difíciles y complicados de sanar.

Tal es mi sensibilidad al dolor que en la segunda operación de cataratas le pedí a la anestesista que me pusiera una buena dosis, superior a la anterior, porque en la ocasión precedente la intervención me dolió mucho muchísimo, como si me estuvieran arrancando el ojo, lo cual es subsanable, porque hoy existen medios y remedios para calmar el dolor físico.

En los últimos quince o veinte años me acompañan de forma casi permanente estos amigos dolorosos y, al final, uno se acostumbra incluso a padecerlos, aunque siempre ando en busca de antiinflamatorios y de calmantes, para hacerlos más soportables, porque mira que son pesados, persistentes y pelmazos.

Que yo recuerde, pocos, escasísimos, son los días en los que me he sentido libre de dolores y ciertamente el panorama se nos presenta cada vez más negro, porque a medida que cumplimos años esos dolores se van agudizando porque cada vez somos más viejos, muy a pesar nuestro.

En el momento presente, cuando termino de escribir estas línea, casi no soporto el dolor en el codo del brazo izquierdo, porque una epicondilitis espera "sine die" para ser rehabilitada por especialistas del Servicio Canario de Salud, a lo que hay que añadir un hueso supraespinoso en el hombro del mismo brazo, que está artrósico perdido. Los años no perdonan. Ajo y agua, que no significa otra cosa que "a joderse y aguantar". No queda otra, mientras estemos vivos. Y dando gracias, después de todo, que la cosa no sea peor.

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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