Desde La Mesa Mota

Uno de los grandes problemas de nuestro país es que la gran mayoría de sus ciudadanos con derecho a voto pasan ampliamente de cuestiones relacionadas con la política y en casi todas las elecciones que se celebran registran amplios porcentajes de absten

07.01.2019. Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacoapego@hotmail.com

Uno de los grandes problemas de nuestro país es que la gran mayoría de sus ciudadanos con derecho a voto pasan ampliamente de cuestiones relacionadas con la política y en casi todas las elecciones que se celebran registran amplios porcentajes de abstención, como hemos visto recientemente en los comicios autonómicos celebrados en las ocho provincias de Andalucía casi la mitad de los inscritos en el censo no acudieron a las urnas a ejercer su voto, uno de los deberes fundamentales de cada persona en un país libre y democrático como el nuestro.

Los numerosos casos de corrupción, de prevaricaciones, de desvíos y apropiamiento de fondos públicos, el cobro de comisiones por parte de dirigentes de casi todas las fuerzas políticas han sido el detonante principal del hastío y de repulsa hacia la res publica por parte de un amplio contingente de la ciudadanía, harta de ver miles de acciones delictivas por parte de hombres y mujeres que en anteriores ocasiones fueron elegidas para ejercer un cargo para favorecer los intereses populares y no precisamente para enriquecerse personalmente.

En los últimos años ha sido nefasta y repugnante esta plaga de corruptelas y de otros delitos contemplados en nuestro Código Penal y toda esta situación anómala de continuas irregularidades en la gestión y administración del dinero de todos tiene que acabar de una vez por todas.

Para ello, hay que restablecer la decencia y la honradez en la política y son los dirigentes y las bases de las distintas fuerzas políticas quienes tienen el deber de restablecer un orden, porque, es justo decirlo, no todas las personas que están afiliadas y/o que dirigen las distintas opciones partidarias, ya sean conservadoras o progresistas, de los rojos, los azules, los naranjas, los violetas o los verdes y muchos nacionalistas, son ni han sido delincuentes en toda su vida y a muchas personas nos apena que esas mismas personas, que participan en la cosa pública con interés e ilusión por servir y atender los intereses del pueblo hayan visto como compañeros de su propio partido sí han delinquido y han robado, de una manera u otra.

Por ello mismo, son las propias fuerzas políticas las que deben establecer una reglas éticas y morales muy estrictas entre sus dirigentes y entre sus militantes, para evitar desmanes como los que hemos sufrido. Porque mil, dos o tres mil delincuentes, auténticos desconsiderados y gamberros no pueden empañar la acción de muchos miles de hombres y mujeres más que sí están dispuestos a trabajar por los demás.

España necesita de manera urgente que se limpie esta atmósfera tan contaminada y los primeros voluntarios de esa necesaria limpieza han de ser los miembros de todos los partidos, que deben estar dispuestos a inyectar oxígeno y aire nuevo a este ambiente irrespirable, para que el pueblo recobre su confianza en los políticos y participe de un manera activa en cosas que nos afectan a todos.

Así y solo así reconquistaremos una democracia moderna y participativa. Y eso.

Imagen de archivo: beersandpolitics.com

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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